¿Desarrollo ecológico, turístico o minero?


Jorge_MARIO_Andrino

Alcanzar el desarrollo de un país, de forma incluyente, sostenible y que no cause graves consecuencias al entorno nacional es uno de los grandes retos de los países en vías de desarrollo, a lo que asienten expertos, académicos, empresarios y políticos.

En el reciente Encuentro Nacional de Empresarios –ENADE– se discutió un tanto los temas de desarrollo, pues aunque su tema central fue el de la generación de empleo, esto solo es un preludio para el objetivo real de definir estrategias de desarrollo para el país, principalmente las fuentes para alcanzarlo.

Jorge Mario Andrino Grotewold


Y es que los empresarios tienen razón en que solo “bicicleteando” en una misma dirección podemos alcanzar buenos resultados, pero olvidan que antes hay que darle bicicleta a todos y que esa bicicleta además, tiene que tener las condiciones mínimas para avanzar. Al respecto fue interesante conocer la perspectiva del expresidente peruano Toledo, sobre los mecanismos para alcanzar el tan ansiado desarrollo y que dentro de éstos se encuentra la explotación minera, algo que está en apogeo en países latinoamericanos y que, según Toledo, ha sido factor clave para mejorar los indicadores de progreso en su país y otros tanto como Bolivia, Argentina y Chile.

Sin embargo, aunque el propio expresidente peruano lo resaltaba años atrás cuando era funcionario de su país, este desarrollo era necesario de acompañarse de otras políticas públicas como la responsabilidad ambiental, el respeto a las culturas ancestrales y las políticas sociales. Los países que se han descrito, incluyendo por supuesto a Brasil como gran exponente, han sido además de exitosos en procesos de explotación mineral como fuentes de desarrollo, lograron implementar acciones de justicia social conmutativa, combinadas con esfuerzos económicos razonables, como inversión social, cargas tributarias justas y menor endeudamiento. 

Y es que eso se reclama mucho en Guatemala, esa ausencia de una política pública efectiva de desarrollo que involucre aspectos de variabilidad de acuerdo a los territorios, culturas y situaciones político-sociales. Generar infraestructura hidroeléctrica, minera o de hidrocarburos no es mala idea, pero si estas gestiones no se acompañan de mecanismos serios y certeros de reivindicación social, el desarrollo será para unos pocos (empresarios, la comunidad cercana a las inversiones y los gobernantes) y focalizado solamente en las áreas geográficas de explotación. Por eso, un 35% de regalías ofrecido por el actual Presidente de la República cuando hacía proselitismo, era un inicio de alcanzar un financiamiento interno claro utilizando recursos naturales del país. 

Pero al mismo tiempo que estas estrategias económicas para mejorar los mecanismos de desarrollo, existen otras muchas que también han dado buenos resultados, tanto en países con realidades similares al nuestro (el turismo en México y Costa Rica), o inclusive ecológico como en países de donde provienen los recursos para explotación minera (Canadá y Europa).  La gran pregunta persiste, si estos países han logrado durante su historia un balance efectivo entre la inversión privada –nacional o extranjera– para lograr políticas sociales sostenibles, ¿por qué a Guatemala le cuesta tanto admitir otros mecanismos para ese mismo propósito?

Si los escenarios políticos, económicos y sociales del país no cambian, ni los empresarios ni los gobernantes podrán ser ajenos a la continuidad de los conflictos generados por la ausencia de al menos servicios públicos esenciales para vivir en dignidad, algo que parece haber olvidado el expresidente peruano.