¡Del verbo chingar!


Ren-Arturo-Villegas-Lara

En el libro “El laberinto de la soledad” el escritor mexicano, Octavio Paz, Premio Nobel de Literatura, dice que: “chingar es un verbo masculino, activo, cruel: pica, hiere, desgarra, mancha. Y provoca una amarga y resentida satisfacción en el que lo ejecuta”. Se ha dicho hasta la saciedad que el lenguaje es cultural, pero, no obstante, la variedad de culturas, hay palabras que se usan en todas ellas y significan lo mismo.

René Arturo Villegas Lara


En anterior oportunidad nos referimos al sustantivo “huevo”, y dimos una lista de situaciones que se describen con este sustantivo. Pues bien, en el Laberinto de la Soledad, al describir las características del ser de los mexicanos, encontramos que son muy parecidas a las del guatemalteco, sobre todo si se trata de los territorios aledaños a la frontera con México. Dentro de los capítulos de este libro hay un título denominado “Los hijos de la Malinche”, que en verdad somos todos los nacidos en estas latitudes, pues siempre estamos dispuestos para que otros nos vengan a resolver los problemas que son de nuestra absoluta incumbencia.  En dicho capítulo nos informa el autor sobre los diversos modos de utilizar la palabra “chingar”. Y es que este vocablo tiene diversas significaciones y puede utilizarse para poner de relieve un estado de ánimo: “Está como la chingada”; una derrota: “Esto ya se chingó”; o un fracaso: “Se lo llevó la chingada”. En fin, dice Octavio Paz: “En nuestro lenguaje diario hay un grupo de palabras prohibidas, secretas, sin contenido claro, y a cuya mágica ambigüedad confiamos la expresión de las más brutales o sutiles de nuestras emociones y reacciones”.

   Paz dice que el uso del verbo chingar se da en España, en México, en Chile, en El Salvador, con similar sentido. En Guatemala es igual. Pongo algunos ejemplos: “Dejá de estar chingando”, se dice cuando ya en el límite de perder la paciencia, uno clama porque lo dejen en paz. “Esto ya se chingó”, es una expresión con la que indicamos que un propósito o un esfuerzo ya no es posible. A veces queremos decir que la distancia física es grande, aunque indeterminada, y entonces advertimos que ese lugar queda “Hasta la chingada”. ¿Sabía usted que hay un lugar, pueblo o aldea, no lo sé bien, que se llama “La Chingada”? Creo que se ubica en San Marcos y mi amigo, Guayo Villatoro, puede dar fe de eso. “Chinga que chinga” se le aplica a un necio que exaspera. Y es que un necio es peor que un malvado, porque el malvado a veces descansa, el necio jamás: está chinga que chinga. ¿Y por qué al residuo de la jarrilla o la tasa con café se le llama chingaste? Vaya usted a saber. Así se dice en México y El Salvador. Hay un abogado español, de apellido Cajas, que resultó ser un fecundo escritor y escribió un libro jocoso sobre la borrachera de un monaguillo de la iglesia del Valle de los Caídos, que en su delirio alcohólico vio que la tumba de Franco se abrió y el caudillo resucitó. Y entonces se arma el despelote para volver a la vida franquista, sobre todo en lo político, en lo sindical, en la vida nocturna. Después se descubre que todo es producto de un delirio alcohólico y, para bien de los españoles, la vida vuelve a disiparse. Y todo porque este autor escribió su libro con la finalidad de fregar la pita, es decir, “Animus Chingandi”. ¿Y de dónde se deriva la palabra “chingolingo”? Estoy seguro que viene del verbo chingar.

   En la participación política sucede cosa igual. Cuando uno pregunta: ¿Por qué se postula fulano como candidato, si no tiene la menor posibilidad de ser electo? La respuesta es conocida: Por chingar. Y si gastó su pisto en derroches de publicidad y por no ganar se ha quedado con una mano adelante y otra atrás, cualquiera dirá “que se lo llevó la chingada”. Y así podría usted aumentar expresiones en donde el repetido término significa distintas situaciones. Eso sí: en México, tengo entendido, la ofensa más grande que a uno le pueden hacer, en grado superlativo, es: ¡Chinga tu madre¡ Y entonces sí: a sacar las pistolas y lavar el honor a como dé lugar.