Idea descabellada: bloque de diputados nuevos


Los seres humanos somos muy proclives a generalizar. De esa cuenta, suele medirse con el mismo rasero a todos los militares, religiosos, médicos, abogados, periodistas, maestros… y pare usted de contar.

Eduardo Villatoro
eduardo@villatoro.com

Eso es lo que ocurre con los diputados al Congreso de la República, puesto que lo mismo se le endilgan epí­tetos de sinvergí¼enza, ladrón, corrupto y otras linduras a legisladores que se han caracterizado por manejar conductas impropias de cualquier persona, y con mayor razón de quienes constitucionalmente representan los intereses del pueblo, que a parlamentarios que se han conducido con honestidad y honorabilidad, además de su capacidad y valor cí­vico para defender los intereses de sus electores.

Probablemente ninguna legislatura de los últimos tiempos ha iniciado con tan malos augurios y pésimas actuaciones como la actual. Ni siquiera habí­an cumplido cinco meses de estar fungiendo como parlamentarios, cuando se destapó uno de los escándalos más sonados de los años recientes, con la triangulación de Q82.8 millones, motivo más que suficiente para que el presidente del Congreso, el diputado Eduardo Meyer, buscara una salida relativamente airosa para evitar más escarnios sobre su persona.

Este caso se llevó de corbata al ex candidato presidencial Otto Pérez Molina, y aunque sus seguidores en la Cámara intentaron limpiarlo de toda culpa, las explicaciones que formuló el lí­der del PP no convencieron más que a sus parciales, con lo que se enlodó más la clase polí­tica.

Este espacio no alcanza para contener todas las acusaciones, recriminaciones y hasta conatos de agresiones fí­sicas que han tenido como escenario el que debiera ser augusto recinto parlamentario, lo cual ha generado una generalizada ola de rechazo contra la totalidad de los diputados, sin tomar en consideración que hay congresistas que por su breve o extensa trayectoria no deben ser objeto de la repulsa popular.

Como es bastante difí­cil que se logre una depuración en el Congreso, porque es un procedimiento que carece de objetividad y ecuanimidad, a mí­ se me ha ocurrido una fantasiosa idea, para intentar salvar la reputación de los diputados que no han sido señalados de ninguna irregularidad, y que consistirí­a en que los legisladores que asumieron por primera su curul, es decir, los que no fueron reelegidos, formen un bloque común, haciendo caso omiso de diferencias ideológicas y de otra í­ndole, antes de que sean contaminados por los parlamentarios que ya tienen cayo en la conciencia.

Podrí­an engrosar a esa bancada sui géneris, también, los y las (como se estila decir ahora) diputados y diputadas que con más de una legislatura en su experiencia se han distinguido por su probidad. Por supuesto que no es más que una idea que estoy seguro que no prosperará. Pero vale la pena divagar.