España atraviesa momentos especiales y apremiantes por el caso que, tras una filtración, publicó el diario El País referente a la doble contabilidad del Partido Popular (PP) que permitió durante los años de 1991 al 2010 que muchos empresarios del sector de la obra pública aportaran dinero por encima de los límites establecidos para favorecer a los políticos que a su vez, favorecían a los aportantes. En el ojo del huracán ha estado siempre Luis Bárcenas, extesorero del PP.
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La publicación se hizo en enero del presente año y desde entonces, Mariano Rajoy, presidente del Gobierno (miembro del PP) y la secretaria general del partido, Dolores de Cospedal, han negado cualquier sospecha, no digamos alguna mala conducta, pero el diario El Mundo publicó el domingo unos mensajes de texto (del mes de marzo el último de ellos) entre Bárcenas y Rajoy en donde queda más que claro que el Presidente del Gobierno lo estaba mimando para que no “los quemara”. El extesorero del partido oficial se quejó con Rajoy por la forma en que Cospedal y el PP lo habían dejado solo y amenazó con hundir a todos.
Ayer, tras varios días de haber caído preso, Bárcenas declaró ante juez competente y aceptó todo, excepto que los empresarios habían dado el dinero a cambio de favores y lo hizo con el afán de no caer en el supuesto del delito de cohecho; “entre los detalles más llamativos del interrogatorio figuraron las dos supuestas entregas de dinero negro a Rajoy y Cospedal en los años 2009 y 2010, que totalizaron 95 mil euros”, reza una crónica de El País. Ahora Bárcenas es “el enemigo” del PP.
El domingo tras conocerse los mensajes de texto, el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), pidió la renuncia de Rajoy solicitando que otro diputado del PP lo sucediera para que éste asuma su responsabilidad por la cercanía con Luis Bárcenas; Rajoy ya se pronunció y dijo que cumplirá el mandato que le dieron los españoles, que no dimite y que España tiene un gobierno estable.
En mala jurisdicción cayeron Bárcenas y Rajoy, porque si hubieran sido miembros del PP pero de Guatemala, jamás les hubiera pasado nada porque si en algo son especialistas nuestros gobernantes pasados y de turno, es en manejar de forma conjunta con los empresarios, el tráfico de influencias que se genera a través del dinero que se da para el financiamiento de las campañas políticas.
Por casos como el del PP de España, es que nuestros políticos, con el dinero negro y perverso de los financistas, terminan cambiando su estilo de vida de la noche a la mañana; adquieren lo que no tienen o lo modesto lo vuelven “millonario” incluso antes de llegar al poder, no digamos una vez alcanzan la guayaba y tienen los miles de millones del presupuesto a su disposición.
Este Gobierno chapín ha sido especialista en cómo satisfacer los intereses de los financistas. Desde el Ministerio de Comunicaciones que defiende a capa y espada el pago de la deuda flotante del que recibirá su tajada, el Ministerio de Energía y Minas que ha cobrado a placer por las licencias otorgadas y la Vicepresidencia que desde la reconstrucción, el puerto y cuánto contrato hay en el Gobierno saca raja, se han fraguado los grandes negocios que además de satisfacer los intereses de los financistas, resultan rentables para los funcionarios y el mismo Presidente.
En Guatemala, tal y como pasó en España, mientras hay negocios hay amistad (Rajoy y Bárcenas eran muy amigos), pero una vez las cosas salen mal, resulta que es cuando reconocen que sus socios/cómplices con los que se han hartado de dinero por años, son unos grandes sinvergüenzas. A buena hora.
Lástima que Guatemala no funciona como España porque sería gratificante en términos de justicia, al menos, ver en la cárcel a todos los que han manejado el dinero de las campañas y luego del Gobierno, mismos que son los que reciben de unos pocos y le reparten a esos mismos sin importar la miseria de millones de guatemaltecos. Y de paso, sería conveniente que al menos nuestros gobernantes pasen siquiera algún rato colorado como Rajoy, pero aquí todo marcha con total normalidad.