¿Cuándo, señores diputados?


Alejandro_Quinteros

Pasan los días, las semanas y los meses y los diputados al Congreso de la República apenas dan resultados. A principios de agosto los Jefes de Bloque aprobaron una agenda consensuada para las sesiones ordinarias 24 y 25. Para entonces LIDER ya había cedido en su deseo de interpelar a varios Ministros de Estado y había abierto la puerta a que el trabajo del Congreso retomara su camino.

Alejandro Quinteros


Sin embargo, la sesión 24 que inició el pasado 7 de agosto, fue declarada permanente para “agotar la agenda”, pero ha avanzado a paso lento y aún no ha concluido. Mociones privilegiadas y manipulaciones del quórum son las herramientas preferidas de algunos diputados que se han dedicado a darle largas a la sesión, metiéndole algunos temas poco trascendentales mezclados con dos o tres positivos y otros negativos.

Dentro de esas mociones privilegiadas han entrado cuestiones que van desde la declaratoria del Popol Vuh como patrimonio intangible de la nación, hasta préstamos millonarios (que ya se habían previamente agendado para la sesión 25). Lo triste de todo es que para hacer esas modificaciones a la agenda, los diputados suelen valerse de cosas que los guatemaltecos si esperamos, como la aprobación de la Ley Contra la Corrupción o Ley Contra el Enriquecimiento Ilícito.

Esta última, fue agendada originalmente para su tercera lectura y aprobación final en la sesión 25, igualmente que los préstamos ya aprobados. Sin embargo al ingresar la moción privilegiada, los diputados adujeron que deseaban adelantar los temas, pero alteraron el orden original en el que la Ley Contra la Corrupción se conocería antes que los préstamos.

En su “quedar bien”, los diputados han introducido cuestiones populares o de corte social como la exención de impuestos a los premios recibidos por Erick Bernabé Barrondo o los de importación a una serie de vehículos que tendrán la función de ambulancia. El problema es que a pesar de tener una agenda saturada, apenas una vez han sido convocados en un día fuera de los tradicionales, y se reunieron únicamente por el temor de que al día siguiente habría interpelación y que en caso de no resolver la situación, la agenda se habría paralizado nuevamente.

La forma de trabajo del Congreso es demasiado lenta, poco productiva. Las sesiones inician con retrasos monumentales de dos horas o más, algunos diputados abusan del uso de la palabra, otros no se asoman o apenas pasan “marcando tarjeta” para que no les descuenten las dietas. Y cuando finalmente inicia una sesión, la dinámica tan burocrática, se encarga de que el tiempo se vaya volando y que la gran mayoría de temas vuelvan a quedar para la próxima.

¿Cuándo, señores Diputados? ¿Cuándo será el día en que los veamos llegar puntuales a las sesiones y aprovechar el tiempo en el Pleno para tratar cuestiones positivas? ¿Cuándo será el día en que las Comisiones de Trabajo verdaderamente trabajen y no hagan sólo la pantomima? ¿Cuándo, cuándo, cuándo?

Para muchos diputados la respuesta es nunca, y lo triste es que para muchos ciudadanos también. Pero no, eso no debe ser así, la respuesta debe ser proactiva. La respuesta es: Cuando los ciudadanos nos pongamos los pantalones y nos responsabilicemos de nuestro país, cuando dejemos de esperar a ver qué pasa y abramos los ojos para ver lo importante que es para nuestras vidas todo lo que pasa y deja de pasar en el Congreso. Ese día los diputados cumplirán con sus funciones.

Suena fácil, pero no lo es; hacerlo realidad quizás requiera de varias generaciones con una nueva actitud, pero debemos empezar a trabajar en ello hoy mismo.