¿Cuál será el destino de Venezuela?


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Contrario a lo que algunos de nosotros queríamos el Presidente Hugo Chávez consiguió hace unas semanas ganar las elecciones generales de Venezuela por un margen respetable. Tampoco por esto se puede menospreciar el encomiable trabajo de campaña que hizo Enrique Capriles, su mayor enemigo en el proceso electoral, que terminó con el nada despreciable 46% en octubre pasado. Pero a pesar de los adelantos médicos en países de primer mundo, el señor Chávez, talvez en uno de sus últimos actos de terquedad decidió tratarse el cáncer que le aquejó repentinamente en Cuba, un país con supuesta medicina de punta que vive más de la buena imagen que la maquinaria de propaganda castrista le hace a la isla que de verdaderos adelantos científicos y tecnológicos.

John Carroll


En fin, el señor Chávez anunció con bombos y platillos que el cáncer estaba totalmente derrotado con el objetivo de enfrentar el proceso eleccionario que lo puso a temblar después de muchos años de vivir con la mayor tranquilidad política posible a base de la represión, la amenaza y el despojo al pueblo venezolano.

Ahora resulta que el cáncer regresó cosa que cuesta creerle porque lo más probable es que el cáncer nunca se fue, pero él decidió mentirle al pueblo para tratar a toda costa de aferrarse al poder y morir como creador e impulsor del nuevo socialismo del siglo XXI.

Como está claro que el poder es más importante para Chávez que la misma vida y era de esperarse que diera patadas de ahogado hasta la tumba, el pasado 9 de diciembre designó a Nicolás Maduro como su sucesor en caso él quede inhabilitado o muera.  Es evidente que el señor Maduro ha logrado persuadir a Chávez convenciéndole de ser el indicado para seguir su supuesto proyecto de desarrollo social, que dicho sea de paso a significado en la realidad un tremendo atraso para los venezolanos.  Es evidente que Chávez está realmente enfermo y no tiene muchas esperanzas de sobrevivir a la enfermedad que le aqueja porque ni en sus peores momentos había designado a un sucesor, de hecho siempre se preocupó por mantener con un bajo perfil a cualquier líder que pudiera salir de su movimiento para evitar a toda costa una posible competencia interna o un levantamiento de sus bases en su contra.

De acuerdo a la constitución venezolana, el vicepresidente tomaría posesión del cargo en caso de que el presidente muera o se ausente en los últimos dos años del período presidencial de seis.  Ese período termina el próximo 10 de enero y,  aunque grave, difícilmente el presidente morirá antes de esa fecha.  Si Chávez muriera una vez empezado su nuevo período, la Constitución indica que se deberá llamar a elecciones inmediatamente. Dicho en otras palabras muy probablemente tendremos de nuevo un proceso electoral en Venezuela en los próximos meses.

Lo que viene ahora será interesante porque Nicolás Maduro nunca ha sido elegido popularmente para un cargo y no tiene una base política significativa.  Esto implica que en un eventual llamado a nuevas elecciones derivado de la condición médica de Chávez Maduro tendría que vencer a Capriles en las urnas cosa que se ve poco probable si consideramos que el pasado 7 de octubre Capriles obtuvo ese sólido 46% además del previsible resquebrajamiento de toda la rosca corrupta del poder actual y el divisionismo interno del partido socialista cuando no encuentren un líder que les pueda guiar.

Si Chávez y el partido socialista caen,  muy probablemente veamos años venideros muy complicados para Venezuela porque toda esa lacra cochambrosa que hoy se sirve con la cuchara grande no va a estar dispuesta a dejar el poder tan fácilmente. Quitarles esas rentas va a ser una tarea titánica de los gobiernos por venir.