¿Cuál es el afán de meternos en problemas?


francisco-caceres

El gobierno de Pérez Molina nos sigue sacando de base. No lo digo solo porque haya fallado en el cumplimiento de sus promesas electorales, sino porque desde el inicio de su período surgió su plan de “despenalizar las drogas”, sin haber dicho ni media palabra sobre el tema a lo largo de lo que fue una extensa campaña electoral y sin contar con un plan específico debidamente sustentado para implementarlo. ¿Lo hizo a propósito? Por más que indago, no he logrado obtener la respuesta adecuada que nos pueda sacar de dudas.

Francisco Cáceres Barrios


Pero no había pasado mucho tiempo de su fracasado lanzamiento de la despenalización antes citada, cuando sin ningún preaviso y tampoco sin contar con la sólida presentación de sus argumentos, lanzó la propuesta de legalizar la marihuana, a pesar que por todos es conocido que en los lugares en donde se ha querido hacer lo mismo ha causado sinnúmero de problemas para la buena convivencia humana, lo que en nuestro país fácilmente podría multiplicarse con las consecuencias por todos conocidas.
   
Al poco tiempo, para ser exactos el pasado domingo 24 de noviembre, pudimos leer en el matutino Siglo 21 el titular que decía: “Pensamos convertirnos en el país productor de opio” y en el subtitular: “Hay países como India que se dedican a producir opio para la industria farmacéutica”. Que nosotros sepamos, lo mismo se hace en Guatemala y no de ahora, sino desde hace mucho tiempo, pero no es lo mismo elaborarla en laboratorios que cuentan con todos los registros, controles y permanente supervisión que ponerse a sembrar amapola, la materia prima básica para su elaboración, en campos abiertos, con los problemas de seguridad tremendamente complicados y riesgosos que ello implica. De ahí surgió la pregunta ahora expresada en el titular: ¿Cuál es el afán de meternos en problemas?
   
Porque para nadie con dos dedos de frente escapa que entre los diversos riesgos que tal decisión provocaría a más de ser elevados, podrían convertir a nuestro país en foco de atracción de aquella clase de gente que lo que menos tiene en mente son las bondades que el opio pueda brindar para el tratamiento de enfermedades, sino para cosas bien distintas que muy bien podrían ser la causa de que en Guatemala todavía corra más sangre, dolor y lágrimas de las que ya hemos tenido.

¿Es que para las magníficas características con que cuentan nuestras tierras no existen innumerable cantidad de cultivos mucho más atractivos para el comercio, la industria internacional, como fuente de creación de empleo, de divisas, para el prestigio de nuestra nación y para la sociedad entera, que incluso, pudieran contribuir grandemente al combate eficaz de nuestra hambruna y en general para nuestro progreso y desarrollo? ¿Será posible que para nuestras autoridades solo tengan cabida las malditas drogas para sacarnos del atolladero en que nos encontramos?