A pesar que la delincuencia sigue siendo el principal dolor de cabeza del equipo de Pérez Molina y por ello mantiene un costosísimo enjambre de asesores no hay modo que estos den pie con bola. Nadie se escapa de sus graves consecuencias. Ni los edificios públicos, las instalaciones policíacas, los templos religiosos, mucho menos las instalaciones deportivas con todo y los futbolistas que fueron atacados impunemente en Quetzaltenango. ¿Saben por qué? Porque los delitos son iguales a los accidentes, hay que prevenirlos y eso no lo han aprendido a hacer nuestras autoridades. Si no se lograra totalmente al menos se podrían reducir drásticamente.
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Sabiendo que abundan patanes entre los aficionados ¿por qué no han acondicionado debidamente la separación entre los graderíos y las gramillas? ¿Cuánto podrá costar desplegar el adecuado número de policías para proteger debidamente a los jugadores, árbitros, entrenadores, como a los observadores? Por otra parte, los agentes no debieran ser llevados a los espectáculos para que vayan a disfrutar de los mismos, sino a proteger a los aficionados de daños y perjuicios.
La mejor prevención para evitar que los agentes de la autoridad compitan por sus habilidades con los delincuentes es la disciplina y eso no hay modo que aparezca por ninguna parte. Seguramente porque muchos confunden el término disciplina con militarismo, pero si dado el caso fuera necesario militarizar el servicio policíaco por ser útil para poner en cintura a tanto agente haragán, corrupto, irresponsable e indolente, ¿qué están esperando para hacerlo, imponiendo un régimen estricto hasta lograr la depuración y buen comportamiento del mismo?
No sé por qué a la disciplina se le tiene pánico en nuestro país, como también se le teme a los interesados bochincheros. A ellos sí se les respeta y se les guarda todo tipo de consideraciones, aunque con cualquier cosa que encuentren a mano la utilicen como proyectil sin importarles un comino los daños que puedan ocasionar y todo, porque se enarbolan los derechos humanos, aunque bien sepan que los mismos terminan en el mismo instante en que se violan los de los demás.
Piénsenlo bien, si en verdad quieren disminuir la inseguridad, todos, absolutamente todos, estamos forzados a ser disciplinados en el respeto a la autoridad, siempre y cuando ella misma dé el mejor ejemplo. Pero antes de todo, debieran implementarse las medidas necesarias para evitar que los actos violatorios a las leyes se puedan cometer. En el caso del reciente zafarrancho ocurrido en Xela, ¿qué están esperando las autoridades para sancionar a las deportivas responsables, ya fuera cerrándoles las instalaciones hasta que estén debidamente acondicionadas para evitar su repetición o aplicando sanciones económicas que realmente los obligue a no seguir siendo indolentes o irresponsables? Basta de medias tintas o de seguir solo pensando en cómo sacarle a los aficionados el dinero de la bolsa, además contribuirían a evitar su masiva fuga de los estadios.