En la escuela aprendimos que el radio de la Tierra es de 40,192 km, aproximadamente. Si pensamos que tarda 24 horas en dar una vuelta completa sobre su eje; dividimos 40,192 entre 24 y nos arroja la cantidad de 1,674.66 kilómetros por hora. Esto nos indica que quienes la ocupamos giramos permanentemente a 1,675 km. por hora y ni siquiera nos damos cuenta.
Como parámetro en esta nota, conviene mencionar que en 2004 el cohete espacial X-43A fue llevado a una altitud de 12.000 m por un avión B-52, y lanzado de un cohete Pegasus a una altitud de 33.000 m. Alcanzó la velocidad récord de 11.000 km/h.
Si la Tierra diera un frenazo repentino, saldríamos volando debido a la tangente inercial y… nos haríamos crema. Todo eso sin contar con el movimiento de traslación, el cual traslada a la Tierra alrededor del Sol durante 365.26 días, en el que viajamos a 107,000 km por hora en esa órbita.
Esas velocidades nos asombran. Pero si vamos un poco más allá para asombrarnos un poco más y llegamos a la rotación de la galaxia, la Vía Láctea, a la que pertenece nuestro sistema solar, que gira en una inmensidad de sistemas estelares, veremos que navegamos a una velocidad de 810,000 km por hora.
De esta manera nos percatamos de que el Sol gira en una órbita que está a 27,000 años luz del centro de la galaxia (Vía Láctea) y tarda nada menos que 200 millones de años para esa traslación. La Vía Láctea gira suelta en el espacio, dentro del movimiento de dilatación del universo. Aparentemente va con rumbo a colisionar con una galaxia cercana, Andrómeda, a una velocidad de 230,000 km por hora. Andrómeda se encuentra en la actualidad a 2.3 millones de años luz. No olvidemos que la luz viaja a 360,000 km por segundo(1,080 millones de km por hora) y que el valor de la velocidad de la luz en el vacío fue incluido oficialmente en el Sistema Internacional de Unidades como constante el 21 de octubre de 1983, pasando así el metro a ser una unidad derivada de esta constante.
Isaac Newton (1642-1727), fue un físico, filósofo, teólogo, inventor, alquimista y matemático inglés, autor de los Philosophiae naturalis principia mathematica, más conocidos como los Principia, donde describió la ley de la gravitación universal y estableció las bases de la mecánica clásica mediante las leyes que llevan su nombre. Newton expresó: “Lo que sabemos es una gota. Lo que ignoramos es un inmenso océano. La admirable disposición y armonía del Universo, no ha podido sino salir del plan de un Ser Omnisciente y Omnipotente”.
La Tierra es un punto microscópico y azul dentro de la vasta inmensidad del Universo. Allí nos encontramos todos con todas nuestras pasiones, guerras, problemas, miserias, logros, tecnología, arte, civilizaciones, razas, religiones, países, gobiernos, etc. Allí nos encontramos con todo nuestro amor, odio, bondad, ira, humildad, resentimientos, engreimiento, altanería, frustraciones, ansias, voracidad, estupidez, conocimiento, torpeza, inteligencia y grandeza.
Podemos apreciar la fragilidad de nuestro planeta y lo importante que es para los humanos cuidar de ese puntito azul en el espacio, pues es el único lugar que tenemos para vivir… en el universo. El Creador de esta compleja inmensidad y de la vida dice en Su Palabra: Juan 3:16 “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna”.