La pregunta llegó por la vía de un correo electrónico hasta mi mesa de trabajo. Dispuse no contestarla de inmediato, primero porque a lo mejor alguien trataba de tomarme el pelo y luego, porque me inquietó saber las razones que habían motivado la misma. Despejada la inicial sospecha, me puse a realizar el segundo análisis del porqué se me planteaba la interrogante,
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Llegando a la conclusión que es por ver a diario en los medios de comunicación social la imagen del primer mandatario asido del timón de un enorme tractor, frente de las cámaras y micrófonos en el pódium de un lujoso hotel, en la Casa Presidencial o en el Salón de Recepciones del Palacio Nacional, como en cualquier lugar para atiborrar los medios con múltiples tomas de camarógrafos y fotógrafos subiendo o bajando de sus cómodos vehículos de transporte.
No es un secreto para nadie, mucho menos para los conocedores de la ciencia o del mercadeo político, que quien desea ser figura de primera magnitud tiene que estar vigente en la mente de quienes gobiernan o que desean dirigir sus destinos. Lo que no han aprendido, es que utilizar ese procedimiento en exceso, en vez de catapultarlos los empuja hacia abajo, los demerita y hasta consigue poner en tela de duda si en verdad están dedicados a cumplir con sus deberes o solo buscan aparentar o engañar a quienes se lo permitan.
No, lo anterior no es privilegio o demérito del actual presidente. Si usted analiza a quienes han ejercido tan delicado cargo de un tiempo a esta parte, verá que han hecho lo mismo. ¿Cuánto tiempo lleva usted de no tener el privilegio de ver a su Presidente detrás del despacho atendiendo el sinnúmero de problemas que le afligen al país? Porque si mucho, podrá ver algunas gráficas de cuando se reúne en una lujosa sala de sesiones dizque para discutir con su gabinete las mejores fórmulas para satisfacer las necesidades del país, pero la realidad es que la dirección y conducción de esos menesteres sigue en manos de sus asesores, de sus ministros, de los eternos eslabones de la cadena que por lo regular aprietan al primer mandatario, trayendo ello como consecuencia tantas deficiencias que sigue produciendo el monstruo burocrático gubernamental, hasta llegar a provocar el cúmulo de traspiés que vemos por todas partes.
No es nada extraño entonces comprobar que los que fueron candidatos, más aun, quienes lo han sido en más de una campaña electoral, no se olvidan de realizar ese papel a pesar de llevar seis meses, un año o más de estar ejerciendo el cargo electoral al que aspiraron, con esto más, que siguen sin lograr consolidar una clara conciencia de su ideología, de los objetivos que persigue, mucho menos de los certeros propósitos que debiera lograr a corto, mediano y largo plazo.