Luego de haberse firmado en tiempos de Óscar Berger un Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos de América, Guatemala y Centroamérica se aprestan a la firma oficial de un Tratado de Comercio, Inversión y Cooperación con la Unión Europea. No podría haber una coyuntura menos oportuna para esa firma, dada la crítica situación en que se encuentra el Viejo Continente.
El fin de semana pasado los titulares de todos los medios informativos más prestigiados del mundo, publicaron la foto de Luis de Guindos, ministro de Economía y Competitividad español, quien anuncia una “ayuda” y “no un Rescate”, dice él, a la banca española, por parte del ente multilateral y público de la integración, tal cual es el Banco Central Europeo.
Conveniente resulta entonces para los centroamericanos, si queremos adherirnos a esas grandes ligas del gran comercio y el capitalismo mundial, analizar lo que sucede con los cada vez más recurrentes vaivenes de los negocios, que necesitan cada cierto tiempo de la intervención del dinero público para subsistir.
A partir de los años setenta se ha comenzado a observar con mayor frecuencia el aparecimiento de las denominadas “crisis financieras”. Su contundencia es tal que sería recomendable una preocupación cada vez mayor para entenderlas, pues en nuestro medio brillan por su ausencia los análisis sobre estos temas, reservándose tan sólo para el cerrado círculo de banqueros y tecnócratas especialistas, en donde dicho sea de paso, el delicado tema de las crisis se trata con extremo sigilo y comportamiento “avestruciano”.
Lo que resulta cada vez más sorprendente en estos menesteres es la participación del dinero público en resolver entuertos puramente privados, pues en el caso español actual esta “ayudita” está directamente conectada con pésimos negocios, principalmente inmobiliarios, de los bancos españoles, con una serie de desarrolladores que dicho sea de paso, ya deben estar en las costas del mediterráneo disfrutando de sus oportunistas negocios privados.
La activa participación de la hacienda pública, léase los ministerios del ramo y los tan poco comprendidos bancos centrales, cada vez es más una extrema necesidad y su intervención está resultando ser un prerrequisito clave, para mantener la salud del sistema financiero, y sobre todo los circuitos en los que fluye la inversión del capital y los capitalistas, que necesitan que día a día el dinero salga a circular, de lo contrario el motivo de lucro que guía la inversión dejaría de funcionar.
El nexo de los negocios con las finanzas públicas resulta ser así un puente vital en la nueva dinámica de las inversiones en los países de mayor hegemonía en el mundo, a pesar de la prevalencia de un discurso empresarial que condena del diente al labio, tales intervenciones, pero que se observa ahora que en un gobierno conservador, comandado por el Partido Popular ha sido inevitable la intervención pública y de la clase política.
Es por ello que me explico yo también el interés de diversos sectores en el mundo y en Guatemala en especial, por crear “entes independientes”, permeados por supuesto por intereses sectoriales, en virtud de que las crisis, ya sean recesiones, hiperinflaciones, devaluaciones y corridas bancarias están a la orden del día.
Valgan las siguientes reflexiones también para poner mayor atención a los temas de reforma del Estado que se vienen, pues los 100 mil millones de euros de ayudita nos reflejan magnificado interés en dominar las instituciones financieras en estos tiempos de crisis recurrentes.