El mes pasado los jóvenes chinos se movilizaban para manifestar contra Occidente tras la crisis tibetana, motivados por un orgullo nacional que ahora alienta su participación en las operaciones de rescate tras el sismo de la semana pasada.
Algunos voluntarios visten atuendos militares con el eslogan «I love China», que había surgido como reacción al caótico periplo de la llama olímpica por los países occidentales, donde militantes protibetanos y defensores de los derechos humanos manifestaron con gran estrépito contra Pekín.
Este patriotismo se refleja también en los discursos.
«Los chinos están unidos y debemos ayudarnos unos a otros. Así hemos logrado existir como nación desde hace 5 mil años», explica Lai Keyu, recientemente diplomado en Derecho por la Universidad de Sichuan.
Junto a otros siete jóvenes, y bajo la égida de la Cruz Roja provincial, recorre las aldeas de las montañas, aisladas desde el terremoto, para distribuir medicamentos, dar consejos de prevención y alimentar la unión nacional.
«Estén tranquilos, el gobierno se encarga de la ayuda», afirma el jefe del equipo, Li Fei, un muchacho carísmatico de 22 años.
Lo que más le ha afectado de la tragedia provocada por el sismo es, afirma Lai, «haber visto morir a niños».
«Eran el futuro de China», afirma.
Pero las heridas provocadas por las críticas occidentales tras la crisis tibetana y las reacciones antichinas en el extranjero siguen abiertas.
«Espero que no haga un reportaje como los de CNN», lanza Li al periodista que se le acerca en la aldea de Shimen, una localidad turística totalmente desierta a la que sólo se puede acceder a pie, debido a que la carretera está cortada por las innumerables rocas caídas.
La cadena de información continua estadounidense había sido blanco de feroces ataques en China, como numerosos medios de comunicación occidentales, acusados de deformar la realidad china.
Sin embargo, esos mismos medios de comunicación «jugaron un gran papel» al informar abundantemente sobre la tragedia en el extranjero, donde numerosos países ofrecieron ayuda humanitaria y propusieron enviar a sus equipos de socorristas.
«Necesitamos el apoyo de la comunidad internacional, cuando un país tiene dificultades, necesita ayuda», afirma Lai Keyu. «Ahora ya no hay problemas», agrega.
El embajador de Francia en China, Hervé Ladsous, cuyo país fue escenario de las más duras manifestaciones antichinas durante el paso de la llama olímpica, coincide con él.
«Son relaciones de profunda amistad y en momentos difíciles los amigos trabajan juntos», afirmó Ladsous, que se desplazó a Chengdu para recibir un avión procedente de París cargado con 80 toneladas de ayuda.
En Chengdu, un comerciante comprendió también que los vientos han cambiado. Vende camisetas según un modelo que hacía furor durante la campaña antioccidental, solo que ahora se lee «terremoto» en el círculo tachado donde antes aparecía CNN.