Una bebé de siete meses es, probablemente, la víctima más joven internada en la Unidad de Quemaduras Pediátricas del Hospital Roosevelt; todavía no puede hablar, pero ya conoce en carne propia las consecuencias del uso inadecuado de la pólvora.
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En Guatemala las quemaduras infantiles representan aproximadamente un 15 por ciento de las atenciones en las emergencias de los hospitales estatales; la mayoría ocurren en niños menores de cuatro años y de éstas, el 70 por ciento son producidas por líquidos calientes, aunque en esta temporada la pirotecnia es una amenaza latente.
“La niña no lloró. Pensé que se había muerto”. Reyna Fernández aún narra con nerviosismo y dolor el momento en que su nieta, una bebé de siete meses, resultó con serias quemaduras durante la reciente celebración del encendido del árbol navideño en Villa Nueva.
Inició la explosión de juegos pirotécnicos y la gente gritaba por la emoción. Sin embargo, en un instante, una de las bombas pirotécnicas no se elevó y se desvió en dirección hacia donde se encontraba Fernández y su familia.
“La bomba impactó contra mi esposo y lo envió al suelo”, recordó la señora, “pero el artefacto explosivo rebotó y cayó justo donde se encontraba la bebé (…) quien quedó desmayada y yo no lo podía creer”. “Fueron momentos duros”, relata.
El cuerpo de la bebé, que se encuentra cubierto por vendajes, es tratado con sumo cuidado por el personal de enfermería que atiende la Unidad de Quemaduras Pediátricas del Hospital Roosevelt.
Según la Fundación de Niños Quemados de Guatemala, las quemaduras infantiles representan aproximadamente un 15 por ciento de las atenciones en las emergencias de los hospitales estatales y la mayoría ocurren en niños menores de 4 años y de éstas, el 70 por ciento son producidas por líquidos calientes.
La segunda causa de quemaduras en niños en el país es el fuego, con un registro del 15 por ciento de los casos, y la tercera es la electricidad de alto voltaje, que implica al 8 por ciento de los casos.
En cuarto lugar se registran las quemaduras por fuegos artificiales, que representa un siete por ciento de los niños quemados, aunque es en esta fecha cuando se reportan más afectados por el uso inadecuado de la pólvora.
“Mi nieta sufrió quemaduras de segundo grado en su pecho, brazos y cara”, relata Fernández, quien entre llanto dice ver a “la niña bastante mal de salud”, pues las “quemaduras todavía se encuentran en un estado vivo”.
En cuestión de segundos, una olla con agua hirviendo, una vela mal colocada o la pólvora utilizada sin supervisión pueden pasar de ser un potencial riesgo para convertirse en el causal de quemaduras de tercer grado en niños. En la mayoría de casos, la negligencia de los adultos juega un papel destacado.
NO ES LA ÚNICA
Aunque la historia de la niña quemada es una de las más dramáticas, no es la única. Otro es el caso de una niña de siete años que sufrió quemaduras de segundo grado bastante profundas, producidas también por el uso inadecuado de la pirotecnia.
La familia se encontraba en la celebración a la Virgen de Fátima, en la aldea Los Pocitos, Villa Canales. Patricia Cian recuerda que estaban en las afueras de la iglesia, esperando la entrada de la procesión, cuando inició la quema de bombas pirotécnicas.
Los organizadores de las actividades colocaron la caja que contenía las bombas muy cerca del mortero que las lanza. “Al momento de colocar un bomba dentro del mortero no hubo estallido; la bomba salió en dirección a la caja en donde se encontraban las demás, y empezaron a estallar todas”, recuerda Cian.
La niña, que se encontraba cerca cuando empezó la explosión, fue alcanzada por las llamas y se quemó las extremidades inferiores. Cian comenta que fueron momentos “trágicos” los que vivieron al ver que su hija se encontraba quemada.
Por la lejanía de la aldea, los cuerpos de socorro tardarían mucho tiempo en llegar. “Los vecinos nos trasladaron en sus vehículos hacia el hospital Roosevelt”, donde actualmente recibe el tratamiento necesario para curar las heridas, advierte la madre.
Como en los dos casos anteriores, se encuentra otra niña de 2 años, que presenta quemaduras en sus manos y pies, causadas por el fuego. Patricia Vásquez, madre de la menor, dice que la niña se encontraba jugando en el patio de su casa cuando sucedió el accidente. “Ella cayó en una fogata que se encontraba en medio del patio”, recuerda con tristeza.
Vásquez comenta que la niña se quemó en un breve momento de “descuido”; la madre se encontraba mal de salud, por lo que decidió ir a tomar un medicamento a la cocina, pero Vásquez señala que “al salir me di cuenta que la niña iba hacia el fuego, pero ya no la alcancé”, dice, con lágrimas en los ojos.
LOS MÁS VULNERABLES
En una población de 14 millones de habitantes, cerca de 5 mil casos de quemaduras infantiles ocurrirán por cada millón de habitantes; esto representa aproximadamente 70 mil casos anuales y de esos, un 10 por ciento requerirá de tratamiento médico especializado.
Además, según la Fundación de Niños Quemados de Guatemala, en el país, dos tercios de las quemaduras ocurren en niños menores de 14 años, o sea que aproximadamente 4 mil casos de quemaduras infantiles requerirán tratamiento hospitalario y un 0.5 por ciento del total de pacientes quemados morirán.
Si bien no se cuenta con estadísticas estatales documentadas sobre la vulnerabilidad de grupos específicos, se sabe que las víctimas más frecuentes son los niños de escasos recursos. Los principales agentes que provocan quemaduras en niños son líquidos calientes, fuego, electricidad y fuegos artificiales.
Según la Fundación de Niños Quemados, el tratamiento integral de los pacientes quemados es muy complejo y debe realizarse por un equipo multidisciplinario que incluye cirujanos, pediatras, infectólogos, nutricionistas, fisioterapistas, enfermeras, psicólogos, trabajadoras sociales, entre otros, y debe ser realizado con mucha dedicación, amor y paciencia, pues las quemaduras representan un verdadero trauma para quienes las sufren.
Helga Kluismer, coordinadora de la Fundación, dice que en esta época de fin de año es necesario prestar mayor atención a los infantes, debido a que es una fecha en la que están de vacaciones y juegan con juegos pirotécnicos, muchos sin supervisión de un adulto.
El problema, según la entrevistada, se debe a que este tipo de entretenimiento es parte de una costumbre que se arraigó en el país, lo cual no permite que se dejen de utilizar, pero sí se puede colaborar a través del acompañamiento a un niño.
ECONOMÍA FAMILIAR
Comerciantes que se dedican a la venta de juegos pirotécnicos indican que es en esta época cuando aprovechan las ventas de este producto, pues les ayuda en su economía familiar, principalmente en el inicio de año cuando tienen que pagar por la educación de sus hijos.
Cristian Monroy, vendedor de juegos pirotécnicos, señala que es por la necesidad que se ven obligados a vender este producto, pero que después de esta temporada se dedica a la venta de plantas medicinales
“Esto me ayuda a sobrevivir, que si bien es cierto son negocios diferentes, se obtienen mayores ganancias con los juegos pirotécnicos, pero esto es por temporada”, explica.
“Lo que se busca es tener un ingreso extra”, dice el entrevistado y tratar de mejorar económicamente para la familia, quien está consciente del riesgo que corren los menores de edad que manipulan pólvora sin la supervisión de un adulto responsable, por lo que siempre advierte de la necesidad del acompañamiento a sus compradores.
En el Hospital Roosevelt funciona la Unidad de Quemaduras Pediátricas, que brinda atención especializada a los pacientes que sufren algún tipo de accidente; el tratamiento integral para lograr su recuperación y rehabilitación implica curaciones ambulatorias, tratamiento de mallas de presión, cirugías reconstructivas y apoyo psicológico.
En el país también se cuenta con la Unidad de Quemados para pacientes adultos, dentro del Hospital Nacional de Amatitlán, con el propósito de brindar atención integral al paciente con quemaduras, aplicando un tratamiento de colocación de membrana ixchel, que actúa como una cubierta biológica y contribuye a disminuir el dolor, infecciones y cicatrices deformantes.
La Unidad de Quemaduras Pediátricas del Hospital Roosevelt recibe anualmente un promedio de 400 casos de quemaduras; de ellos, la mitad requerirá hospitalización y la otra mitad se curará en forma ambulatoria. El 75 por ciento niños y 25 por ciento entre mujeres y hombres con quemaduras en extensión hasta de un 30 por ciento del cuerpo.
Los cuerpos de socorro piden a la población que en esta temporada del año se tenga mayor supervisión de parte de los padres de familia para evitar los accidentes entre los menores de edad.
Por eso, se debe contar con la presencia de un adulto al momento de quemar juegos pirotécnicos. También recomiendan que los niños no porten entre sus bolsillos cohetillos, para evitar las quemaduras y no colocar dentro de recipientes de plástico o vidrio cohetes, puesto que al explotar les puede causar heridas.
Además, piden no recoger cohetes que no hayan explotado, así como no jugar extrayendo la pólvora de los mismos.
A los adultos, se les recomienda mantener disponible un recipiente con agua, para meter las varillas quemadas cuando los niños quemen estrellitas.
Así también los cuerpos de socorro recomiendan formar fogatas u hogueras para quemar los cohetillos, pues esa práctica implica perder el control de la manipulación de la pólvora.
Recomiendan a los padres de familia no mantener a los niños cerca de las estufas, cuando se esté cocinando, no dejar candelas encendidas y evitar tocar los cables eléctricos.
1. Vierta agua limpia sobre la quemadura
2. Cubrir la quemadura con una toalla mojada y limpia mientras llega al hospital.
3. Acudir al centro de salud más cercano.