Francia se prepara para la jornada de huelga de mañana que podría paralizar al país, pues se anuncia masiva en servicios estratégicos como el transporte, y la electricidad, en protesta contra reformas que desea aplicar el gobierno de Nicolas Sarkozy en los sistemas de jubilación.
El gobierno de Sarkozy enfrenta este primer pulso con los sindicatos en razón de la reforma que pretende aplicar a regímenes especiales de jubilación, aumentando el número de años de cotización de 37.5 a 40 años, a partir de 2012.
Signo de la importancia que puede tener el movimiento en el transporte y de las consecuencias que esto implica para todo el funcionamiento del país, los ocho sindicatos de la empresa pública de ferrocarriles (SNCF) llamaron unanimamente al cese de las actividades.
Igual unanimidad de los ferroviarios se había dado durante las grandes huelgas de fines de 1995, contra otra tentativa del gobierno de la época de reformar los regímenes especiales de retiro.
En París, la totalidad de los sindicatos de la administración de los tranportes urbanos (RATP: metro, autobuses y tranvías) llamaron también a la huelga, tal como las cinco federaciones de la energía, que protestan asimismo contra la fusión de la empresa pública Gaz de France y el grupo privado Suez.
Los funcionarios públicos que también adhieren al movimiento, tal como los trabajadores de correos y telecomunicaciones, protestan además contra lo que llaman la «destrucción de los servicios públicos».
En el sector de la educación, sólo algunos sindicatos llamaron a la movilización, pero las clases en la enseñanaza primaria como secundaria deberían estar perturbadas debido a las dificultades que tendrán los docentes para llegar a sus lugares de trabajo.
El propio gobierno reconoció que la movilización del jueves podría ser muy importante, si bien el primer ministro Franí§ois Fillon dijo «no temerla».
«Es un momento de de democracia que espero con serenidad, escuchando lo que dicen los franceses», agregó Fillon.
El martes, el portavoz del Elíseo, David Martinon, señaló que «esperamos efectivamente una muy, muy importante movilización (…).
«Pienso que esta huelga será importante, que este movimiento será muy fuerte, e incluso tengo el sentimiento de que casi no debería haber ni tren, ni autobús ni metro», había expresado por su parte el domingo el ministro del Trabajo Xavier Bertrand.
Más de un francés de cada dos (54%) se declaró favorable a la jornada de huelga de mañana y sólo un 26% se declaró en oposición u hostil al movimiento, según un sondeo de opinión CSA para el diario L’Humanité.
En noviembre de 1995, al comenzar el movimiento contra la reforma de los regímenes especiales de jubilación del gobierno de entonces, igual porcentaje se había manifestado en favor de la acción, según la misma sociedad de estudios de opinión CSA.
Sobre la base de la experiencia de los grandes movimientos de fines de 1995 y otros que han paralizado al transporte público, desde el inicio de la semana los franceses habían comenzado a tomar disposiciones y prepararse para poder desplazarse durante la jornada que algunos ya han llamado «jueves negro».
Varios portales internet y redes improvisadas de teléfonos móviles estaban disponibles desde el lunes para organizar la utilización colectiva de los automóviles particulares.
La utilización de la bicicleta, que durante la huelga de 1995, conoció un importante desarrollo, será en esta ocasión uno de los recursos sin duda más utilizado, gracias al sistema de alquiler público (Velib) instalado por la Municipalidad de París.
A menos que este sistema también se vea perturbado, si los trabajadores de la empresa que efectúan la manutención y la regulación de Velib hacen efectiva una amenaza de huelga el jueves para protestar contra sus condiciones de trabajo.