Bélgica se encontraba hoy casi paralizada a raíz de una huelga de «advertencia» para protestar contra la caída del poder adquisitivo, con un alto porcentaje de participación en los servicios públicos y la industria.
A pesar de que la huelga no es «general» porque las consignas no son las mismas en todo el país, el movimiento lanzado por los sindicatos CSC (cristiano), FGTB (socialista), y CGSLB (liberal) afectaba ampliamente a Bruselas y las otras grandes ciudades de Bélgica, como Amberes y Brujas en Flandes (norte), o Charleroi y Lieja en Valonia (sur).
En Bruselas, sede también de las principales instituciones de la Unión Europea (UE), casi no funcionaban ni los tranvías ni el metro.
El ferrocarril estaba paralizado en Valonia y muy pocos trenes circulaban en Flandes.
El correo belga y las administraciones públicas estaban cerrados, mientras que los trabajadores de las grandes fábricas como Audi (automotor) o Sonana (aeronáutica) se plegaron a la huelga.
En Lieja, los manifestantes bloquearon con «piquetes» el acceso a los grandes obras en construcción de la ciudad, como la estación de trenes de alta velocidad de Guillemins y el Palacio de Justicia.
En Flandes, muchas empresas eran objeto de acciones de «sensibilización», con distribución de panfletos en Brucargo (en el aeropuerto de Bruselas), Colruyt y Kraft (Hal) y Danone (Rotselaar).
Los belgas que a pesar de todo querían ir a sus trabajos tuvieron que recurrir a la bicicleta o caminar.
La huelga impedió la circulación de los servicios de trenes internacionales entre Bruselas y Londres, París, Amsterdam y Colonia, según indicaron las dos empresas de servicios de alta velocidad.
En cambio, las agencias de los bancos minoristas abrirían sus puertas para no empeorar la atmósfera de preocupación a raíz de la crisis financiera, tras el anuncio de que el principal banco belga, Fortis, pasará bajo control del francés BNP Paribas.
Thierry Bodson, el secretairo general del sector valón de la uno de los grandes sindicatos belgas, el FGTB, reiteró el lunes en la radio el pedido de una «disminución de los costos de la energía» a través de una reducción del IVA (Impuesto al Valor Agregado) en el combustible y el gas.
Bodson recordó que en junio pasado unos 100.000 personas ya habían manifestado en las calles de todo Bélgica para protestar contra el aceleramiento del alza del costo de vida, a pesar del sistema de indexación salarial.
El alza de los precios al consumidor alcanzó en septiembre el 5,46% interanual en Bélgica.