Huele a espí­ritu grunge


Kurt Cobain

Ayer se cumplieron 15 años de la trágica muerte de Kurt Cobain. Todaví­a recuerdo el ya lejano dí­a en que llegué a la casa de un amigo que tení­a MTV en su casa y me mostró un video que recién habí­a grabado. Se trataba de la canción «Smells like teen spirit», de la entonces desconocida banda Nirvana, cuyo vocalista Kurt Cobain, con su guitarra Fender Jaguar, se convertirí­a poco después en la voz de toda una generación.

Byron Quiñónez
lahora@lahora.com.gt

Nirvana: Dave Grohl, Kurt Cobain, Chris NovoselicPortada del disco Nevermind.

Recuerdo que hubo dos elementos que me llamaron poderosamente la atención y que lo diferenciaban de lo que estaba de moda en aquel entonces: un sonido convincente y poderoso, que combinaba la fuerza del punk y la sensibilidad melódica (por momentos, claro está) de Police y los Beatles.

El otro elemento que me pareció interesante fue su imagen, descuidada y sin concesiones, muy diferente al travestismo glamoroso caracterí­stico acostumbrado con bandas como Poison, Warrant y Motley Crue. De hecho, esta anti imagen serí­a uno de los rasgos definitorios del entonces incipiente movimiento grunge: camisas de franela, t-shirts, pantalones rotos y botas de alpinista.

Una especie de regreso al hippismo pero con distinta ideologí­a: mientras los flower power de los 70 protestaban contra la Guerra en Vietnam y predicaban el amor y paz, la música de los 90 era la voz de una generación desencantada, hedonista y sin fe en el futuro. Un obvio legado del «no future» que pregonaban los punks británicos encabezados por los Sex Pistols a mediados de los setenta.

Y fue precisamente esta falta de imagen, esta naturalidad en el vestir lo que hizo que la juventud noventera se identificara con Nirvana y otros grandes del movimiento grunge como Alice in Chains, Soundgarden y Pearl Jam. Mucho más pronto de lo que nos imaginábamos, la clásica imagen del rockero rubio, limpio, con ropa de spandex y maquillaje afeminado se habí­a convertido en algo risible y era cosa del pasado. El grunge reinaba soberano.

Aquí­ es necessario destacar un hecho muy importante para entender la historia del rock: las corrientes musicales son cí­clicas y generalmente duran una década: el rock and roll de Elvis Presley y Roy Orbison dio paso al rock de los Beatles y Rolling Stones; le siguió el hard rock de Led Zeppelin y Black Sabbath, que viajaba en rutas paralelas con el rock progresivo de Yes y Pink Floyd; luego surgió el punk de Ramones y Sex Pistols y en los ochenta vino la explosión heavy metalera de Iron Maiden, Quiet Riot y Twisted Sister.

Al movimiento heavy metal le siguió el boom del thrash metal, del que surgirí­an importantes bandas en ambos lados del Atlántico: Metallica, Megadeth y Slayer en Estados Unidos y Venom, Celtic Frost y Helloween en Europa, movimiento que a su vez fue sepultado en los noventas por el death metal y el grindcore de bandas como Napalm Death, Morbid Angel y Deicide.

A donde quiero llegar con esta lección de historia es a los paralelismos que a mi criterio comparten el thrash metal y el grunge: ambos géneros eran una respuesta inconforme y directa contra la música descafeinada y la imagen travestida que predominaba en sus respectivas épocas. El thrash le dio la estocada final al ya de por sí­ moribundo hair metal de Mí¶tley Crí¼e y Poison, y el grunge desbancó a Guns n Roses y acabó (momentáneamente) con la imagen del rock star glamoroso.

Al respecto, el vocalista Jani Lane de Warrant comentó en una entrevista: «un dí­a llegué a las oficinas de Columbia Records y vi que habí­an retirado el poster de nuestro álbum Cherry Pie, que adornaba la oficina del director general, y en su lugar habí­an colocado uno de Alice in Chains. Ese dí­a supe que nuestros mejores dí­as eran cosa del pasado».

El meteórico éxito de Nirvana hizo que su cantante y guitarrista Kurt Cobain sintiese cada vez más presión sobre su carrera y resintiera la excesiva atención que le prestaban los medios. Nunca le pasó por la mente que él podí­a llegar a convertirse en el representante de toda una generación, y tampoco estaba entre sus planes: él solo deseaba componer buena música y llevar una vida sencilla.

Paradójicamente, Cobain se habí­a convertido precisamente en lo que él detestaba: una celebridad. De pronto, Cobain se encontró perseguido por los paparazzis y su vida privada se convirtió en tema ineludible del cotilleo mediático. Smells like teen spirit, lejos de representar un triunfo agradable, se convirtió en una canción detestada para los integrantes de Nirvana.

Los medios musicales le concedieron estatus de himno generacional y, con éste reconocimiento, Cobain se convirtió en el portavoz de la Generación X.

Esta aversión por su canción más conocida provocó algunos incidentes enojosos para Cobain, que se negaba rotundamente a tocarla en vivo. Es de recordar la entrega de premios MTV, donde luego de una acalorada discusión accedió a tocarla, pero la cantó con una voz totalmente distinta para expresar su disgusto. Recuerdo un concierto en el que empezaron la canción y de repente la cortaron. «Nos vamos a brincar esta…», dijo el bajista Novoselic.

Kurt no sólo fue el principal compositor de la banda y su lí­der musical, sino que además fungió como su lí­der y centro espiritual. Con el éxito de la banda, Cobain se convirtió en una celebridad a nivel mundial, una posición incómoda para alguien que dijo «Famoso es la última cosa que quise ser».

Como dato curioso, Kurt también sabí­a tocar baterí­a y lo demuestra en la canción Seasons In the Sun, canción no muy conocida. Antes de formar Nirvana, Cobain audicionó para el puesto de baterista de los Melvins, una de sus bandas favoritas. Paradójicamente, Dale Crover, quien finalmente ocupó el puesto de baterista de Melvins, anduvo de gira con Nirvana mientras encontraban un baterista permanente.

Durante su vida Cobain luchó contra la bronquitis crónica, la depresión y una intensa condición estomacal crónica que jamás fue diagnosticada que lo afectó durante años y tuvo repercusiones en su estado emocional. Ninguno de los doctores consultados fue capaz de encontrar la causa; le aseguraron que era resultado de una escoliosis que sufrió en la infancia y que también tení­a relación con el estrés producido por las giras y la notoriedad que lo seguí­a a todos lados.

La situación emocional de Cobain empeoró con su adicción a la heroí­na. A finales de 1991, su uso empezó a afectar la gira de promoción del disco Nevermind, y Cobain se desmayó durante algunas sesiones fotográficas, como el dí­a de su presentación en el programa Saturday Night Live, cuando Nirvana tuvo una sesión con el fotógrafo Michael Levine: Cobain, que habí­a consumido unas horas antes, estuvo tambaleándose durante la sesión. La droga jugó un papel clave en el final de su vida y lo llevó a darse un tiro de escopeta en la cabeza, el 5 de abril de 1994.

Sin embargo, no fue sino hasta el 8 de abril cuando el cuerpo sin vida de Cobain fue descubierto, en un cuarto ubicado encima del garaje en su casa en los alrededores del Lago Washington, por el empleado de Veca, Electric Gary Smith.

La muerte de Cobain está envuelta en una serie de acusaciones y sospechas. Alguien lanzó la teorí­a de que su esposa, la también música y actriz Courtney Love, era la gran culpable y que sus actitudes lo empujaron al suicidio. Y como era de esperarse, los medios de comunicación y los detractores de Love hicieron eco a la hipótesis.

El documental Kurt and Courtney, dirigido por Nick Broomfield, hace alusiones al respecto. Hollywood no podí­a quedarse atrás y en 2005 lanzó la pelí­cula Last days, dirigida por Gus Van Sant, que retrata las últimas horas de vida del músico.

Resulta extraño pensar que Cobain murió a la edad de 27 años, al igual que otras leyendas musicales como Jimmy Hendrix, Janis Joplin y Jim Morrison. ¿Casualidad, mimetismo inconsciente o influencia cabalí­stica de la cifra? El vocalista Layne Staley, de Alice in Chains, también adicto a la heroí­na, murió un 5 de abril al igual que Cobain, pero en 2002.

HERENCIA El legado de Nirvana


Nirvana produjo numerosos discos, entre grabaciones de estudio, conciertos en vivo y presentaciones acústicas: Bleach, Incesticide, Nevermind, In Utero, From The Muddy Banks Of The Wishkah, el Unplugged in New York y varias colecciones.

Entre sus canciones más conocidas podemos mencionar «Come as You Are», «In Bloom», «Lithium», «Heart-Shaped Box», «All Apologies» y el cover de «The man who sold the world», original de David Bowie. Quedaron también numerosas canciones sin terminar, que poco a poco han ido saliendo a la luz, así­ como versiones alternas y presentaciones en vivo.

Cobain era un devoto seguidor de los primeros artistas de rock alternativo. í‰l hizo referencia a sus bandas favoritas en entrevistas, dándole inclusive mayor importancia a las bandas que lo influenciaron que a su propia música. En las entrevistas Cobain hablaba de intérpretes relativamente oscuros para el público general como The Vaselines, The Melvins, Daniel Johnston, Meat Puppets, Young Marble Giants, King Crimson, Wipers, y The Raincoats. Además, Cobain fue capaz de convencer a discográficas para relanzar álbumes de The Raincoats (Geffen) y The Vaselines (Sub Pop).

Cobain también habló de la influencia de The Pixies y comentó sobre las similitudes de la música de esa banda y «Smells Like Teen Spirit». Incluso le contó a la revista musical Melody Maker en 1992 que el escuchar Surfer Rosa por primera vez lo convenció de dejar a un lado sus composiciones «tipo Black Flag» para concentrarse más en composiciones «tipo Iggy Pop / Aerosmith» que aparecieron en Nevermind.

El lí­der de Nirvana realizó loables esfuerzos para incluir a sus intérpretes favoritos en sus andanzas musicales. En 1993, cuando decidió que necesitaba un segundo guitarrista para que lo ayudara en el escenario, Cobain reclutó a Pat Smear, de la legendaria banda californiana The Germs (quien después formarí­a la banda Foo Fighters con el baterista Dave Grohl, tras la muerte de Cobain).

The Beatles fueron una importante influencia musical en Cobain. í‰l expresó una admiración particular por John Lennon, al cual llamó su í­dolo en sus diarios, e inclusive admitió que la canción «About a Girl» era esencialmente su intento de escribir una canción de The Beatles. También tuvo mucha influencia del punk y daba crédito a bandas como Black Flag y Sex Pistols, por su actitud y estilo musical.