Hubo una vez en aldea Los Chorros


En aldea Los Chorros, San Cristóbal, Alta Verapaz, iniciaron el 2009 con el pie izquierdo. Descomunal derrumbe soterró a más de cincuenta personas. El rescate de campesinos heridos y cadáveres fue difí­cil tarea. El cerro donde se asienta colapsó entre tierra, arena y lodo. Paisanos perdieron todas sus precarias pertenencias (inframundo).

Juan de Dios Rojas
jddrojas@yahoo.com

Acciona la fatalidad impetuosa. Acaso el Yuk-Kixcam (dios de los cerros de la etnia pocomchí­) llama al orden, o avisa. Respecto a la naturaleza, como prioridad. Que no abusen de ese recurso natural y hagan uso racional. Es la región conocida con la denominación de «El derrumbe» desde tiempo inmemorial, desde que tengo uso de razón.

Dicha tragedia genera dolor, luto, más pobreza y desamparo, en sumatoria enorme. El desastre natural a más de pánico y desolación impide la comunicación entre San Cristóbal, Alta Verapaz y Chicamán, Quiché. La importante ruta 7W queda fuera de servicio. El comercio abundante sufre increí­ble paralización gravosa durante horas de horas.

Las repercusiones alteran la cotidianidad de miles de connacionales, sobre todo respecto a mis coterráneos cristobalenses. Gigantescos apuros pasan para no quedar a la zaga. Unidos empiezan tareas de cara a seguir adelante, mediante esfuerzo propio y ayuda mutua. Ambas municipalidades y comité de vecinos entusiastas meten el hombro.

Reparar dicho tramo vial significa una ecuación difí­cil. Pese a su propia iniciativa chocan contra la adversidad. Tocan muchas puertas, pero la ansiada respuesta positiva no satisface tan crí­tica situación. Conred, Vicepresidencia de la República, ministerios, entre ellos el de la Defensa. Este último hace detonaciones controladas en balde.

En tanto improvisan un rodeo por Aquil Grande y Agua Blanca, aldeas circunvecinas. Empero constituye mayor pérdida de tiempo y elevan los costos. Cabe citar la célebre expresión de «Sin embargo se mueve» de Galileo, rumbo al cadalso, al defender con entereza los movimientos precisamente del planeta Tierra. Allá continúa el penoso caso y punto.

Inclusive aprovechan un desví­o del embalse de la hidroeléctrica Chixoy en las cercaní­as, que tampoco benefició, a modo de paliativo riesgoso. Según narran los pobladores angustiados el fenómeno es una constante, prosiguen los derrumbes. Atribuidos a la falla geológica del mismo nombre, de Chixoy, que puso su cuota cuando el terremoto del 76.

De todos modos, respecto al crí­tico asunto, los habitantes por un lado y el transporte por el otro, siguen a la espera de una solución. Es de recordar los versos del poeta Paco Méndez: «Le duele el lodo al camino, y el camino a la montaña; al cielo le duele el viento, que es cielo que se desgarra.» Se confirma la dura realidad ahora.

Todo obliga al pensamiento oscuro porque la situación no da visos de solución definitiva. Aunque amerita el recordatorio que el aludido tramo vial serí­a objeto del proceso de asfalto. Data del tiempo en que gobernó Berger, con bombos y platillos estereofónicos fue blanco de gran publicidad. Mecanismo en plenitud hoy en dí­a, pese a la crisis.

De consiguiente, no es factible que la aldea Los Chorros apueste al desenlace. Al parecer anda más allá de la nubes en época de sequí­a, inclusive de valores humanos ostensible. La topografí­a del terreno es demasiado agreste, serpenteante en alto grado. En medio de tantos recursos pendientes de explotación racional.

Dos momentos de suyo complicados sobrevienen con el fenómeno en mención. Aquella comunidad está sin esperanzas, cada vez más. También en el marco de una angustiosa espera, que desespera. Las autoridades correspondientes a manera de verdadera emergencia será bueno, bueno y muy bueno le entren de lleno al problema.