¿Hubo sobrevaloración?


De manera terminante, el Presidente de la República con información proporcionada por los ministerios de Comunicaciones y de Finanzas, explicó que no le habí­an dado informes completos durante la transición y que habí­an detectado una enorme deuda flotante en la primera de esas carteras y que en parte se debí­a a la sobrevaloración de las obras del aeropuerto La Aurora, presentadas como «megaproyecto» por el gobierno anterior.


Se dieron las cifras de la sobrevaloración y, por supuesto, vinieron las reacciones de la opinión pública empezando por los medios de prensa, nosotros incluidos. Una información como la proporcionada por el ingeniero Colom a los pocos dí­as de haberse hecho cargo de la Presidencia de la República no podí­a pasarse por alto y nadie podí­a dudar de la veracidad y exactitud de sus palabras al momento de acusar a las anteriores autoridades de haber aumentado groseramente los gastos, inclusive incurriendo en erogaciones que ni siquiera tení­an respaldo presupuestario, lo cual basta y sobra para tipificar un delito.

El Congreso de la República arremetió por medio de algunas de las bancadas de oposición en contra del Interventor de la dirección de Aeronáutica Civil quien se vio en apuros para responder a las preguntas y a los señalamientos formulados en su contra. La misma Organización para la Aviación Civil Internacional se puso a la defensiva, diciendo que no podí­an dar todos los informes requeridos porque la papelerí­a habí­a sido enviada a la sede principal de la entidad, lo que aumentó el nivel de desconfianza. Apenas algunas voces evidentemente interesadas se elevaron para defender la gestión de Moreno Botrán, y aun ellos diciendo que al menos la obra estaba a la vista y que su trascendencia para el paí­s era indiscutible, como diciendo que aunque hubieran excesos en los gastos, por lo menos se hizo obra.

Y luego de la tormenta, vienen los funcionarios de la OACI a Guatemala y bastaron dos horas de conversación con el Vicepresidente de la República para, aparentemente, esclarecer todas las dudas. Tanto así­ que el mismo doctor Espada, no obstante que las primeras informaciones vení­an de un experto en temas financieros, como lo es el ministro Fuentes Knight, ofreció tajantes declaraciones de prensa negando la sobrevaloración de las obras del aeropuerto La Aurora.

Creemos que si no hay trinquete es del caso que se haga el reconocimiento para corregir la percepción que hay ya entre la ciudadaní­a de que el aeropuerto fue un negocio burdo. Pero le corresponde al Presidente de la República enmendar el error, si es que lo hubo, y el Vicepresidente lo que debió hacer es trasladar las informaciones proporcionadas por los funcionarios de la OACI al primer mandatario y al Ministro de Finanzas para que se pudieran contrastar los datos de una y otra fuente. Aunque sea cierta la información proporcionada por la OACI y no exista motivo de sospecha en cuanto a la forma en que se manejaron los recursos, una conclusión tan definitiva como la trasladada a la prensa por el Vicepresidente tiene que ser producto de algo más que la exposición que hicieron los responsables del manejo de las contrataciones para ampliar el aeropuerto nacional.

¿A quien le cree la ciudadaní­a hoy? ¿Debemos pensar que Espada está en lo correcto y que Colom se fue de boca haciendo afirmaciones infundadas que caen en el plano de la calumnia? Actuar así­ serí­a peor que una cacerí­a de brujas porque es caer en el papel del pastorcito del cuento.