Hu Jintao, entre Mao, Confucio y el capitalismo


Una composición fotográfica del presidente Hu Jintao atendiendo la sesión plenaria del Congreso Nacional en Beijing.

Hu Jintao, que hoy fue reelegido jefe de Estado por otros cinco años es, a sus 65 años, un hombre construido dentro del partido y que navega entre Mao, Confucio y la economí­a de mercado para conservar el poder del partido en el paí­s más poblado del mundo.


Nacido el 21 de diciembre de 1942, este hombre de estatura mediana, estilo clásico y algo monótono, raramente sonrí­e y mantiene las distancias cada vez que tiene a la prensa frente a él.

Llegó a lo más alto del poder en 2002 tras un recorrido sin errores en la estructura polí­tica del Partido Comunista Chino (PCC), en el que logró desempeñar altas responsabilidades a una edad relativamente temprana, en torno a los 40. El pasado octubre fue reelegido cabeza del partido en su 17º Congreso.

Este jefe de filas pertenece a la «cuarta generación» de dirigentes comunistas chinos (tras Mao Zedong, Deng Xiaoping y Jiang Zemin), y triunfó tras sortear con habilidad todos los peligros, beneficiándose a su vez de una buena estrella.

Hu tuvo «un don inhabitual para evitar los errores», asegura el sinólogo Willy Lam.

Por ejemplo, no le afectó la caí­da en 1987 de su «padrino» polí­tico Hu Yaobang, que le permitió tener accesor al mando de la Liga de las Juventudes Comunistas.

Como responsable polí­tico de Tí­bet en los años 80, también consiguió salir ileso de tres olas de protestas antichinas que dejaron decenas de muertos y le valieron el apodo de El carnicero de Lhasa, la capital de Tí­bet.

La llegada a la polí­tica de este descendiente de comerciantes de té de la provincia de Anhui (este de China) se produjo a comienzos de los 80, por medio de un hijo de Hu Yaobang. Para su ascenso en el seno del PCC contó con el apoyo capital del entonces presidente Deng Xiaoping.

Según algunos analistas, si logró imponerse en 2002 fue por su facilidad para ser bien visto por sus superiores, su prudencia y su capacidad para hacer gala de un perfil bajo.

«No tiene el aura de Deng Xiaoping», dice Jean-Franí§ois Huchet, director del Centro de Estudios sobre China Contemporánea (CEFC), con sede en Hong Kong.

También se le presenta como un fiel al comunismo, tras sus inicios como instructor polí­tico en la universidad Tsinghua de Pekí­n, en la que cursó estudios de ingenierí­a hidráulica y donde encontró a la que es su esposa, Liu Yongqing, con la que tiene un hijo y una hija.

En su primer acto polí­tico, tras su nombramiento en 2002, dejó claros sus planteamientos y llamó al orden a los dirigentes del partido.

«Los camaradas deben aprender a ser modestos, prudentes, libres de toda arrogancia y vehemencia en su manera de trabajar. Los camaradas deben aprender a mantener un estilo simple y combativo», advirtió.

Ese acto lo celebró, además, en Xibaibo (en la provincia de Hebei, al norte del paí­s), uno de los lugares sagrados de los comunistas chinos. En esa población montañosa los dirigentes revolucionarios, con Mao a la cabeza, pasaron el año anterior a su conquista del poder en 1949.

Hu ha hecho de la lucha contra las desigualdades sociales uno de sus caballos de batalla, mostrándose próximo al pueblo y a los abandonados del crecimiento económico, especialmente los agricultores.

Y es que Hu Jintao conoce bien el interior pobre del paí­s (como las provincias de Guizhou, Gansu y el Tí­bet), donde pasó 15 años de su vida desempeñando diferentes funciones dentro del partido.

En el plano ideológico, preconiza una «sociedad armoniosa», inspirada en las ideas confucionistas.

También se le presenta como un fiel al comunismo, tras sus inicios como instructor polí­tico en la universidad Tsinghua de Pekí­n, en la que cursó estudios de ingenierí­a hidráulica y donde encontró a quien es su esposa, Liu Yongqing; tiene un hijo y una hija.