El exdictador Manuel Antonio Noriega fue hospitalizado ayer tras sufrir en la cárcel una crisis hipertensiva con amenazas de un posible derrame cerebral, se informó oficialmente.
El ministro de Salud, Franklin Vergara, informó en rueda de prensa que el otrora hombre fuerte, de 77 años, fue trasladado del centro penitenciario El Renacer, ubicado cerca del Canal de Panamá, al hospital público capitalino Santo Tomás, al presentar un cuadro hipertensivo y «un probable inicio de una enfermedad vascular cerebral».
«Se le atendió inmediatamente. Se le hizo exámenes por parte de cardiólogos, de internistas, de neurólogos», explicó Vergara. Agregó que al anciano militar jubilado le hicieron una tomografía axial computarizada y una angioresonancia, que resultaron normales.
«Está consciente, orientado y no se le ha encontrado ninguna lesión con secuela hasta el momento», añadió el ministro, aunque dijo que se decidió dejar a Noriega en observación en la sala de cuidados intensivos por 24 horas para ver su evolución.
Afirmó que el lunes se le harán nuevos exámenes, y se determinará si se le da de alta o no.
De inmediato surgió el interrogante sobre si a Noriega lo enviarán de regreso a la cárcel en su actual estado de salud o a su casa.
El ministro de Seguridad, José Raúl Mulino, señaló en rueda de prensa que eso deben determinarlo las autoridades judiciales.
En Panamá existe una ley que permite que reclusos mayores de 70 años y enfermos puedan ser beneficiados por una medida cautelar de casa por cárcel, aunque la norma exceptúa a los señalados por delitos de lesa humanidad.
Noriega fue condenado por tres casos de homicidio y enfrenta al menos dos juicios más por la desaparición de opositores.
La policía nacional informó inicialmente en un comunicado del traslado del ex dictador al hospital.
Noriega fue extraditado por Francia el 11 de diciembre y a su retorno a Panamá se le recluyó inmediatamente en El Renacer para que purgara varias condenas por asesinato.
El ex hombre fuerte fue depuesto por la invasión de Estados Unidos el 20 de diciembre de 1989, la cual puso fin al régimen militar panameño de 21 años (1968-89).
Noriega entre 1990-2011 pagó condenas por narcotráfico y lavado de dinero en Estados Unidos y Francia.
El ex militar sufrió hace algunos años un derrame cerebral en una celda estadounidense, según sus abogados.
La operación de traslado a la cárcel tras retornar al país en diciembre fue todo un misterio y las autoridades de seguridad utilizaron, incluso, un señuelo que despistó a los medios.
Varias horas después de esa llegada, Noriega fue visto en silla de ruedas y ayudado por las autoridades penitenciarias. El gobierno justificó las medidas de seguridad con el argumento de que buscaban proteger la vida del ex dictador.
Noriega asumió la comandancia de las fuerzas armadas panameñas en 1983, dos años después de la muerte en un accidente aéreo del que hasta entonces era el hombre fuerte, el general Omar Torrijos.
Noriega fungió como jefe de la inteligencia militar en los años de 1970 y fue colaborador de la CIA, hasta que se convirtió en un enemigo de Estados Unidos que lo acusó de haberle abierto las puertas del istmo panameño a un cartel de la droga de Colombia para que transportara toneladas de cocaína al país norteamericano.
El ex dictador sumió al país en una profunda crisis política desde 1987 al desconocer elecciones y reprimir a sus opositores en las calles.
Tras las fricciones con Washington y la muerte de un militar estadounidense en un incidente cerca al antiguo cuartel central de Noriega, el entonces presidente George Bush padre ordenó que tropas de su país invadieran el país centroamericano.
Noriega se refugió durante la acción militar en la sede del Vaticano en esta capital, pero a los pocos días se entregó a las autoridades de Estados Unidos que lo trasladaron a ese país para enjuiciarlo por cargos de tráfico de drogas.
Busca apoyo
Estados Unidos propuso el domingo la creación de una alianza internacional para apoyar a la oposición en Siria, después de que Rusia y China impidieron una moción estadounidense para que la ONU censurara el derramamiento de sangre de casi 11 meses en ese país.
Mientras, el temor de que la violencia escale en Siria esta aumentó cuando los soldados rebeldes dijeron que ahora la fuerza era la única manera de deponer al presidente Bashar Assad y el régimen decidió intensificar la represión militar contra los disidentes que buscan derrocar al mandatario.
La amenaza de las ambas partes de endurecer sus acciones después de que Rusia y China vetaron una resolución estadounidense en el Consejo de Seguridad de la ONU agudiza el riesgo de que la turbulencia en Siria ingrese a una etapa incluso más peligrosa que podría degenerar en una guerra civil abierta.
El levantamiento en Siria, inspirado en otras revueltas de la llamada Primavera Árabe, comenzó en marzo con protestas pacíficas contra el régimen de Assad, quien respondió con un duro ataque de las fuerzas gubernamentales. Un grupo indeterminado de soldados desertaron y se unieron a la rebelión para proteger a los manifestantes de los ataques.
El comandante de los desertores congregados en el Ejército Sirio Libre, coronel Riad al-Asaad, le dijo a The Associated Press que, tras los vetos en la ONU, «no hay otro camino» salvo la acción militar para deponer a Assad. Al-Assad hizo las declaraciones vía telefónica desde Turquía.
La secretaria estadounidense de Estado, Hillary Rodham Clinton, advirtió que el riesgo de «una guerra civil brutal» aumentará conforme los sirios atacados por su gobierno se empiecen a defender, a menos que con medidas internacionales se ofrezca otra salida.
«Ante un Consejo de Seguridad neutralizado, tenemos que redoblar nuestros esfuerzos fuera de Naciones Unidas», dijo Clinton al proponer que los «amigos de la Siria democrática» se unan para «apoyar el derecho del pueblo sirio a tener un mejor futuro».
Al menos 5.400 personas han sido muertas desde marzo, según la ONU. Unos 30 civiles murieron el domingo, entre ellos cinco niños y una mujer que estaban en un balcón cuando las tropas dispararon contra manifestantes en un distrito de Damasco, según el grupo activista Observatorio Sirio para los Derechos Humanos.