Hormigas


De la pluma del muy leí­do columnista de LA HORA, doctor Carlos Pérez Avendaño, con el acápite Asombrados ante el asombro de un niño, recibí­ bastante motivación para hacer lo propio. La amenidad, sapiencia y valoración por las expresiones conductuales de los humanos, impresiona.

Juan de Dios Rojas
jddrojas@yahoo.com

Tratándose de su bisnieto Cristian de 2 años, refleja mayor dimensión cuando narra la reacción del pequeño niño al contemplar asombrado a una ordenada fila de hormiguitas. Añade: sabidurí­a hormiguilla, sabidurí­a Homo Sapiens Amans, a modo de conclusión tras otros detalles.

Compara con términos cientí­ficos la curiosidad natural del pequeño, además de incursionar breve, pero conciso sobre esas especies de la zoologí­a. Llama la atención el hecho de reseñar la velocidad de las hormiguitas y el ritmo de sus invisibles patitas, conductoras de la comida.

Pone en la mente de su bisnieto algo que no alcanza a preguntarse quién es quién hace a cada una de ellas y que salgan igualitas-cito su artí­culo. Lo mismo refiere la capacidad de obedecer las órdenes de algún invisible director que manda formen filas y se dirijan a su destino.

Creo ahora quede muy poca gente capaz de admirar esos casos, agobiados por tantos problemas y limitaciones, devenidas del ritmo acelerado de la vida. Pero si es importante admirar el afanoso empeño de las hormigas por agenciarse de comida, lo mismo que convivir pací­ficamente en su colonia.

A propósito es oportuno destacar en el amplio mundo animal, llamado irracional, ejemplos vivos de organización en búsqueda de la sobrevivencia. Pocas especies, a parte de la citada, las abejas son otra demostrativa de las caracterí­sticas mencionadas en anteriores renglones.

Cuando digo que la columna del prestigioso médico don Carlos Pérez Avendaño me causó motivación inmediatamente al leer su artí­culo, es por que en el acto recordé con nostalgia mi época estudiantil. Mi catedrático Juan José Guerrero Sierra de Ciencias Naturales fue dado a esas reflexiones.

En el inolvidable Instituto del Norte de Cobán, Alta Verapaz, recibimos de su vocación docente acendrada un sinfí­n de análisis, y comparaciones entre el ser humano, animal y vegetal. Sin desestimar el caso de los protozoarios, lo cual remití­a a pensar y meditar acerca del universo.

Pero vuelvo al camino en búsqueda de puntualizar la faceta, reitero, tan humana del discí­pulo de Hipócrates, doctor Carlos Pérez Avendaño. A menudo leo con avidez sus columnas donde siempre encuentro como centro de interés en sus trabajos al hombre en sus diversas expresiones conductuales.

Ajeno a capacidad académica, sin embargo, gracias a dos dedos de frente generada por alguna experiencia o empirismo afirmo que en nuestra capital hay toda clase de hormigas. Igual grandes como pequeñitas invaden la mayorí­a de hogares de diversas condiciones o estratos sociales.

En el mí­o no hay manera de erradicarlas, las encontramos hasta en la sopa, dispuestas a apoderarse de cualquier miga. Un vecino cuenta que tuvo que prescindir del expedidor de agua pura pues lograban penetrar.