Fuimos de los que formulamos serias críticas al Tribunal Supremo Electoral por no amarrarse los pantalones para impedir que los partidos se saltaran las trancas iniciando su campaña antes de tiempo y sus vacilaciones nos provocaron preocupaciones que expresamos en más de una oportunidad. Teníamos sinceras dudas de que el Tribunal pudiera administrar un proceso que se volvía más complejo no sólo por la fecha en época lluviosa, sino que fundamentalmente por la instalación de mesas en aldeas con la intención de acercar el centro de recepción de votos al votante.
Hoy, luego de la culminación de la primera parte del proceso, tenemos que admitir nuestro equivocado prejuicio y reconocer que el Tribunal Supremo Electoral supo actuar a la altura de las circunstancias, dando ejemplo de eficiencia en un país en el que las instituciones están carcomidas por la ineptitud y el fracaso. Es estimulante ver que en materia de manejo de las elecciones, el Tribunal Supremo Electoral ha actuado con diligencia, prontitud y transparencia, lo cual estimula y fortalece nuestro ejercicio político de cara a una aspiración de mayor y más cimentada democracia.
Estamos acostumbrados a que los editoriales de los medios de comunicación sean utilizados para la crítica y ello es altamente justificado en un país en donde poco funciona con eficiencia y rectitud. Y cabalmente porque se trata de un comportamiento en realidad inusual, es preciso dedicar hoy este espacio a elogiar y exaltar el trabajo no sólo de los magistrados y del personal permanente del Tribunal Supremo Electoral, sino también el de esos miles de voluntarios que hicieron posible una elección sin mácula, reconocida por los observadores internacionales.
Los problemas que se han dado son por el tema del documento de identidad y evidencian la impostergable necesidad de implementar el documento único que se planteó desde 1982, cuando se estructuró el nuevo régimen político en el Consejo de Estado. El problema no es imputable al TSE, sino que a esa inercia de inutilidad que arrastramos institucionalmente y por ello es que, ahora que está fresca la experiencia, es importante que los partidos políticos le cumplan al pueblo, legislando adecuadamente para garantizar que dentro de cuatro años, cuando volvamos a las urnas, lo hagamos con un documento confiable y no con esa cédula de hoy que es altamente vulnerable.
Pero queremos repetir nuestro reconocimiento al Tribunal Supremo Electoral porque se lo merecen y con creces, sobre todo luego de las enormes dudas expresadas por nosotros y por otros observadores, en cuanto a la capacidad que tenían para administrar efectivamente el proceso. Lo hicieron muy bien y ojalá que esa experiencia nos sirva para una segunda vuelta igualmente transparente y confiable.