Con Honduras me pasa lo mismo que con Michael Jackson: tengo un sentimiento ambivalente. Es decir, coexisten en mi corazón y en mi cerebro sensaciones opuestas, cada vez que me refiero a esos tópicos. En el caso de Honduras, todavía resuena en mis tímpanos el triste papel que jugó, como plataforma del «Ejercito de Liberación Nacional» (para derrocar a Jacobo Arbenz Guzmán), y curiosamente, casi se replica con la famosa base norteamericana situada en Palmerola, departamento de Comayagí»ela (de donde se derivó el escándalo Irán-Contras). El primer suceso, a mitad de la década de los 50`s, y el segundo, en los 80`s.
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Pero Honduras, no sólo es Palmerola, afortunadamente. Es un territorio bellísimo, bañado por ríos caudalosos… y montañas y más montañas, depositarias todavía de una enorme biodiversidad y selvas tropicales. Es playas estupendas, deliciosas comidas y el cadencioso ritmo para bailar: La Punta. Al hablar de Honduras no se puede olvidar su pasado glorioso: ser el aposento científico de los Mayas, en Copán; ni de sus mejores hijos, como el talentoso José Cecilio de Valle -entre muchos otros- (llamado El sabio).
Pero ¿de qué le ha valido estos elementos positivos a su pueblo? De casi nada. Honduras sigue siendo hoy una región atrasada, con índices de Desarrollo Humano deficientes, con miseria y millares de pandilleros (Maras) por doquier. Y una violencia incontenible, analfabetismo, desnutrición, etcétera.
Por eso, mi sensación de ambivalencia cada vez que pienso de Honduras. Y me siento triste por lo que está pasando hoy en ese país hermano, con un destino tan poco interpretado con seriedad, que ha estado ligado a intereses foráneos, siempre. En la región, ha jugado un papel deslucido; pero tal vez ahora encuentre su propio destino. Ojala y lo dejen las fuerzas poderosas que lo han tenido invariablemente atado.
Espero ¡pronto! los hondureños den muestras de su madurez política? en lugar de señales confusas para auto-dirigirse. Que los dioses mayas-lencas, que algún día poblaron esa parte, aclaren el corazón y la mente de los nacidos en esa bella tierra.
Igual de ambivalente tengo sentimientos sobre el llamado «Rey del Pop»: Michael Jackson, fallecido recientemente. Indiscutiblemente un icono popular de la cultura posmoderna ¡nadie lo niega! pero tan cargado de malas vibraciones en su vida privada, que no merecería ni una línea de mi parte. Sin embargo, Jackson representa esa brutal incidencia que hoy tiene el mundo del espectáculo en la vida de la juventud, una generación que vive a través de sus estrellas favoritas, y él fue uno de esos ídolos que movían multitudes alrededor del globo terráqueo, en este mundo mediático de finales del siglo XX y principios del XXI.
Y es que la vida de hoy es un espectáculo mediático. ¡Y, sino, veámoslo con Honduras! Los centroamericanos hemos asistido, como espectadores, al primer Golpe de Estado, transmitido en vivo y en directo, desde Tegucigalpa y distintos centros de poder político americano, a través de la imagen y el sonido de la TV y la radio? cuando los propios acontecimientos se estaban sucediendo. Analogía con el cantante-danzarín, muerto.
Todos tenemos esa sensación de estar viviendo la historia, aunque eso no sea cierto, porque son discursos periodísticos nada más; transmisiones seleccionadas por las fuentes televisivas o radiodifusoras de una minúscula parte de la realidad que nos ha tocado percibir; realidad que es mediada por diferentes dispositivos electrónicos de una simultaneidad que asombra, pero que implican al receptor, dando la sensación de verosimilitud.
De allí mis sentimientos de ambivalencia, por esos hechos ocurridos desde el 25 de junio de 2009, fuertemente cargados de imágenes y sonidos altamente simbólicos, curiosamente entremezclados con elementos militaristas- hegemónicos, en ambos casos.