La ola de asesinatos selectivos en el hermano país de Honduras está poniendo de manifiesto el estado de represión que vive la población bajo el gobierno de Porfirio Lobo, electo tras un proceso de elecciones celebradas para legitimar el golpe de Estado.
Quienes pese al modelo globalizante y poco aferrado a la identidad centroamericana, nos hemos ido acercando a los sectores organizados populares en Honduras, como es mi caso, podemos percibir lo terrible que es la situación en aquel país.
Tuve oportunidad de estar en agosto de 2009 en la hermana república hondureña, participando en una de las comisiones de derechos humanos integradas por organizaciones sociales que tenían el objetivo de registrar las acciones de represión del gobierno golpista.
Ahí conocí a Walter Tróchez, un joven defensor de Derechos Humanos que en ese entonces apoyaba las labores del Comité de Familiares de Detenidos y Desaparecidos de Honduras -COFADEH-, en la vigilancia de quienes eran arrestados por la policía golpista.
Unos dos años antes había conocido a Wilmer Alvarado, miembro del Foro de la Juventud, con quienes compartimos en Guatemala en un espacio que creamos varias organizaciones de jóvenes denominada Coordinadora Mesoamericana de Juventud -CMJ-.
Ambos tenían cosas en común además de ser ciudadanos hondureños. Ambos eran miembros activos de organizaciones que integran el Frente Nacional de Resistencia Popular. Y la más triste de las coincidencias es que los dos han sido asesinados bajo hechos que se presume responden a esa violencia política que están sufriendo quienes resisten al estado de facto impuesto en Honduras.
Estos dos jóvenes tenían otra cosa en común: eran activistas del movimiento de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales -LGTB-. Esto llama poderosamente la atención porque se estima que las fuerzas represivas del Estado golpista han puesto especial atención en personas que además de pertenecer a la resistencia, son de la diversidad sexual.
Este puede ser un fenómeno comparable a lo ocurrido durante la época vivida en Guatemala de las políticas de tierra arrasadas, que fueron aplicadas en un 90% hacia la población indígena.
Documentos de la verdad en Guatemala aseguran que con los mecanismos del terror utilizados para entrenar a quienes cometieron los crímenes de guerra, se les potenciaba el sentimiento de odio contra la población indígena. Sentimiento que por el sistema de conocimientos que se transmite a la mayoría de la población, ya desde antes se les había inculcado.
Igualmente podría ocurrir en Honduras. Con el golpe de Estado, y la política de represión se ha potenciado el odio contra la población LGTB. Esta afirmación se sustenta con información que el mismo Walter Trochez había difundido previo a su asesinato, sobre 9 asesinatos de personas de opción trans y gays cometidos durante cuatro meses de transcurrido lo que el llama una golpe cívico-religioso-militar. .
Tróchez denunció que estos crímenes son «promovidos por la cúpula religiosa hondureña con complicidad de las fuerzas armadas». Ojalá las comisiones de la verdad, y también la iglesia, pongan cartas en este asunto tan penoso.