«Es el agotamiento de este proceso», dijo la consultora Thelma Mejía, quien cree que para Zelaya va a ser más fácil negociar con quien gane las elecciones.
Eso que dice la miembro de la comisión negociadora de Zelaya puede ser verdad, ya que pudiera ser que el presidente electo quiera entrar con la mesa limpia, y qué mejor que negociar una amnistía para Zelaya, aunque el presidente electo no tendría el poder, sino hasta el 27 de enero después de la toma de posesión, que es cuando podría presionar al nuevo Congreso para que se la otorgue.
Pero que tal si el nuevo presidente quiere entrar con la ley en la mano, como un ejemplo de que en su mandato se va a privilegiar el cumplimiento de la ley y no acepta negociar, dándole el verdadero sentido que deben de tener las democracias, de que la ley es la ley, y que nadie es superior a ella.
Eso es lo que piensan las personas fríamente, pero habría que estar en la mente de Zelaya para saber qué es lo que él piensa, y cómo ha de sentirse humillado, ya que los planes de reelección y de continuar en el poder que ya los daba por hechos, más el poder absoluto que creía que tenía, se le vinieron  por tierra.
Tal humillación que sentiría al no ser restituido, puede tener en su momento consecuencias fatales, ya que hace 4 meses se pavoneaba de su regreso con el apoyo de Chávez y de Ortega, sin embargo ahora eso lo ve lejos, tan lejos que con el gobierno actual está perdiendo la oportunidad de una amnistía; si no hay amnistía, los tribunales lo esperan para juzgarlo.