Homework 2012 I de II


raimundo-j-wennier

A la señora ministro de Educación, a partir del 14 de enero, Cynthia Del íguila, le enví­o un atento saludo y los deseos de alcanzar muchos éxitos en la educación, a partir de esa fecha. Espero que la nueva Ministro no esté pensando en una reforma educativa de calidad; serí­a continuar con la cantaleta de hace muchos años. Espero que ella promueva una verdadera transformación del sistema educativo con miras a lograr la excelencia en el sistema. De nuevo, calidad es terminal, un final, un producto medible por sí­ solo después de un proceso uniforme que no puede variar, es estático.

Raymond J. Wennier

 


En cambio, la excelencia es dinámica, es ajustable, es siempre buscar la mejorí­a de los actores dentro del proceso con miras hacia arriba, hacia horizontes más altos, buscando mejores logros, con mayores retos constantes. Por eso hay grados de dificultad en el contenido. Entonces, buena suerte; con visión en su labor de  liderazgo en todo un sistema que tiene más de 160 mil maestros y más de 3,500,000 alumnos en el sector público, además de todas las instituciones educativas privadas y su personal. A todos los maestros formadores de la juventud les deseo un año muy productivo en su labor educativa. Tienen al frente del Ministerio a una educadora.

Iniciando el año escolar, todos están planificando sus clases en los contenidos estipulados en el currí­culo nacional base y las metodologí­as de entrega, pero me imagino que todaví­a no están pensando en el “homework”, los deberes que los alumnos tendrán que hacer en sus casas. Es aquí­ donde, como todos los años en el mes de enero, doy una sugerencia educativa y hoy quiero fijar esa sugerencia en los deberes en casa. La traducción al español del término “homework” es “trabajo en casa”. Ese concepto es y ha sido conocido por muchos años. En el siglo pasado se usó ese término en la escuela sin que hubiera materiales educativos como libros y hojas de trabajo. Era llevar a la casa la tarea de repetir múltiples veces el contenido visto en clase hasta aprenderlo de memoria. Al dí­a siguiente en clase, los alumnos tení­an que repetir la lección al maestro o maestra.

En ese entonces habí­a más maestros varones que mujeres. La memorización del contenido eran pedazos sin relación a otras cosas de la vida de los niños; todo totalmente fuera de contexto. Es interesante ver el significado del concepto en español de “deberes en casa”. El verbo deber, es una obligación a pagar, es adeudar algo material a alguien; es como si fuera un préstamo a un banco que tiene que pagar, devolverlo con intereses. Al terminar de pagar al banco (calificación) se olvida de lo que prestó, todo pagado, incluyendo intereses. En inglés, el verbo “work” tiene varios significados sustantivos. Además del esfuerzo fí­sico-mental para lograr algo, hay excepciones como “drudgery”, una labor aburrida, monótona, preocupante y a veces hasta desagradable. La palabra “travail” significa un trabajo que involucra un esfuerzo grande con dolor o sufrimiento. La era industrial necesitaba mano de obra para trabajar en las fábricas para hacer trabajos definidos en “drudgery”. Era la época en que el criterio de lí­nea de ensamble “one size fits all” se usaba para llamar de alguna manera los productos de calidad para vender.

La pregunta es: ¿Qué viene primero, la educación imita criterios de negocios de la época o es la educación la que pone la influencia de sus ideas en práctica en el quehacer de la sociedad? Hoy dí­a hablan del diseño de educación de acuerdo a lo que estipula el mundo de los negocios, industriales, donde todo es medible. Esos criterios entonces, en mi opinión, contestan la pregunta; en esta era tecnológica seguimos repitiendo lo que se hací­a en la era industrial ¿No? La educación de ese tipo tení­a una razón de existir y de formar a los niños. ¿Será lo mismo hoy dí­a? Entonces, cuando escuchamos los términos “homework” y “deberes en casa”, sin pensar más, la memoria nos lleva al  significado que está tan arraigado en cada uno de nosotros, por lo que tuvimos que hacer en la escuela. El criterio y concepto, aparentemente, continúan siendo los mismos. ¿Deben dar más o menos deberes?

En 1957, los rusos lanzaron el satélite “Sputnik I” y causaron gran alarma académica en Estados Unidos. Si los rusos pudieron hacer tal hazaña antes que ellos, entonces el sistema escolar estaba atrasado en las áreas de las ciencias y la matemática. Esto inició una competencia entre los dos poderes mundiales y se plantearon una pregunta: ¿Debe haber más “homework” o no?

Ahora la misma competencia está en efecto entre todos los paí­ses cuando se habla de los exámenes estandarizados internacionales, dados cada 2 o 3 años a un grupo especí­fico como a alumnos de 15 años de edad. Con esa muestra quieren calificar a todas las escuelas mundiales, si son buenas o no. Al fin de cuentas es como en los años de la década de 1950, una competencia entre paí­ses y sus sistemas escolares y las interpretaciones que les dan a los resultados de los exámenes. La única diferencia es que ahora son muchos paí­ses y no solo dos. ¿Más tiempo en la escuela? ¿Más cantidad y mayor dificultad en los deberes?

En 1983, el informe “A nation at risk” reportado por el doctor John Goodlad, declaró que habí­a una tendencia de mediocridad en las escuelas en los Estados Unidos (suena familiar) y que un movimiento (poblacional) hacia la excelencia era necesario. El educador, de renombre en ese entonces, usaba el término excelencia en vez de calidad, ¿Por qué será? El Informe indicaba que era necesario que los alumnos tuvieran más deberes en casa, especialmente para los mayores. Hoy dí­a sugieren que a partir de cuarto grado de primaria los alumnos tengan 10 minutos de deberes cada noche y aumentarlos 10 minutos por grado hasta llegar a las 2 o 3 horas cada noche para los alumnos de secundaria. En el siglo pasado las condiciones familiares eran diferentes; las madres, en su mayorí­a, no trabajaban, la mí­a sí­; el contexto familiar permití­a a la madre estar en casa tiempo completo o volver del trabajo temprano, el papá regresaba a eso de las cinco de la tarde y ambos tení­an tiempo para trabajar con sus hijos haciendo las tareas escolares. Los papás hací­an de “tutores” privados de sus hijos para que alcanzaran el éxito.  ¿Es así­ en este siglo? La semana entrante continuaré con el tema.