¿Homenajes?


Los homenajes en Guatemala más que justos, son innecesarios; surgen cuando la gente ha muerto; se dan ayudas económicas cuando ya no se necesitan.

Mario Cordero
mcordero@lahora.com.gt

Justos homenajes se han realizado en estos dí­as. El primero que me viene a la memoria es el de las numerosas páginas que se han escrito en torno a la muerte de Otto-Raúl González. Para mí­, está muy bien. Recordar su trascendencia poética y polí­tica, es necesaria. Lastimosamente, la mayorí­a de artí­culos no hací­a más que recordar su largo exilio en México y su poemario «Voz y voto del geranio», como si él sólo hubiera sido eso.

El poemario en mención está en boca de todos, pero nadie hizo -o yo no lo leí­? un comentario sobre ese texto, como si sólo hubieran consultado una página de Internet para ver cuál fue su libro más destacado, y repetir el dato. Como se sabe, «Voz y voto del geranio» fue escrito aun durante la dictadura de Jorge Ubico, cuando la gente no tení­a «voz ni voto», por lo que el tí­tulo, por sí­ mismo, era chocante contra el poder de turno.

Además, para quienes hayan practicado la jardinerí­a, sabrán que el geranio es de las plantas más dóciles, que con un poco de tierra florecen y se multiplican rápidamente; si se usa esta imagen como sí­mbolo de las clases bajas, se puede intuir que el poemario realmente era polí­ticamente revolucionario y poéticamente bello.

Cuando Otto-Raúl González vino la última vez a Guatemala a recibir el doctorado honoris causa por la Usac, Diario La Hora le dedicó el suplemento cultural del 5 de mayo al poeta, y cubrió la entrega del grado académico del 7 del mismo mes. Los homenajes, a mi parecer, se hacen en vida.

Ahora, cuando Otto-Raúl ya no puede decir «gracias», han proliferado los artí­culos, de sus «amigos» recordando cuando estuvieron juntos, una tarde de copas; otros hablaban de sí­ mismos, se congratulaban a sí­ mismos por haberle dado el Premio Nacional de Literatura, condecoración justamente otorgada. Sin embargo, la noticia de cuando vino por última vez a Guatemala, apenas mereció una fotografí­a en las páginas de sociales, y de forma tardí­a.

Lo mismo me parece del Premio Nacional de Literatura otorgado a Mario Roberto Morales, quien lo ganó con pleno merecimiento. Sin embargo, como el mismo Morales dijo: «Algo es algo. En este sentido, la exigua cantidad de cincuenta mil quetzales expresa lo que para la clase polí­tica nuestra vale un escritor; eso es lo que vale una vida dedicada a la literatura para el establishment, no se eroga más porque la clase dominante no ve que valga más. Yo le agradezco a los jurados por darme el premio; lo acepto pero no lo idealizo porque sé que es el máximo premio que un paí­s iletrado es capaz de darle a un escritor.»

Los homenajes en Guatemala más que justos, son innecesarios; surgen cuando la gente ha muerto; se dan ayudas económicas cuando ya no se necesitan. La semana pasada, el Ministerio de Educación entregó los fascí­culos «Cien historias de éxito», donde se relataba la vida de cien guatemaltecas y guatemaltecos destacados. Uno de ellos era Mateo Flores, cuya gloria aún me hace temblar de emoción. Al terminar la actividad, Mateo Flores salió sin hacer mucha bulla, y buscó un taxi. El piloto le dijo el precio para llevarlo a casa, y, probablemente por lo caro, desistió de ello. Se fue a pie. Un transeúnte decí­a al taxista: «Â¡Es Mateo Flores! Deberí­a llevarlo gratis». Pero no. Así­ son los homenajes en Guatemala; quieren exaltar a las figuras en los escenarios, pero que en la cotidianidad coman mierda. (http://diarioparanoico.blogspot.com/)