Historias lamentablemente cotidianas


«Como podemos ver, la protección a la persona y a la familia, aunque sea lo que dicta el artí­culo de apertura de la Carta Magna (…) no son más que papel y tinta o palabras al viento».

Luis Arevalo
usacconsultapopular@gmail.com

«Ya oí­ste mi vocecita», fue la última frase que escucho Gladis al llamar por teléfono a Yerson, su hijo, para saber que nada le habí­a pasado. A ella habí­a llegado la noticia sobre el asesinato de un piloto de bus, de la ruta donde su hijo trabajaba.

Sin saber más ni por qué; ella estaba pasando el dí­a con una tremenda preocupación y un vací­o que serí­a el preludio de lo que iba a suceder. Varias horas después se enteró de la cruel noticia: su hijo era una de las ví­ctimas fatales de disparos provenientes de personas que se dedican a la extorsión de los pilotos de buses.

Bastante común ha resultado la noticia para muchas personas que, acostumbradas incluso a pagar más por su pasaje, o a caminar cuando el transporte urbano detiene sus labores para pedir seguridad; que no se han detenido a meditar el valor de la persona que se ha perdido, para siempre.

Pero, lamentablemente esta es sólo una de las historias que después pasan a ser estadí­sticas, sin que se haga algo concreto y de impacto que fructifique en bienestar o por lo menos en justicia para quienes lo sufren. Pues, como premio de consuelo para los inútiles policí­as, encontraron prendas que supuestamente se habí­an quitado los asesinos de Yerson y su compañero piloto, al huir del lugar de los hechos.

Aproximadamente 50 personas han sido asesinadas, entre pilotos y ayudantes, en lo que va del año; y empresas aseguradoras ya han corrido a ofrecer cobertura por pinches Q25 mil a familias que resulten agraviadas con esta delincuencia que ya mata de tan solo escucharla.

¡Ah!, pero el gobierno en su gestión, que recién ha cumplido seis meses, se jacta con bombos y platillos de haber reducido las muertes diarias de 17 a 14; es decir, que ahora hay solo 14 familias guatemaltecas diarias sufriendo porque les quitan a sus seres queridos. ¿¡Problema resuelto!?, vaya solución.

Como podemos ver, la protección a la persona y a la familia, aunque sea lo que dicta el artí­culo de apertura de la Carta Magna y aunque también nuestro Presidente haya afirmado con estas palabras: «Sí­ conocemos los problemas e inconvenientes que aquejan a nuestra sociedad. Por eso, mi compromiso con ustedes es que al estar al frente del gobierno pondré todo mi esfuerzo, conocimiento, experiencia y capacidad para que se alcancen las metas; y así­ crear una sociedad en la que todos tengan la oportunidad, con su esfuerzo, de hacer realidad sus sueños», no son más que papel y tinta o palabras al viento; o peor aun, solo han sido para estados de prevención. No pedimos magia, sino acciones prioritarias.