Historias de fiebre y miedos en hospitales argentinos


La angustia es compartida por los familiares de los pacientes infectados que buscan su pronta recuperación ante la temible pandemia.

FOTO LA HOTA: AFP / DANIEL GARCIA» title=»La angustia es compartida por los familiares de los pacientes infectados que buscan su pronta recuperación ante la temible pandemia.

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<p>Paola Graff tiene fiebre, dolor y miedo en un consultorio del hospital argentino Posadas, cuartel de la lucha contra la gripe porcina en Argentina, pero con sus frágiles 17 años cuenta que la mayor angustia es por el bebé de tres meses al que da de mamar en brazos.</p>
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Los pacientes esperan el resultado de las pruebas de la gripe A H1N1 en el hospital nacional de niños Benjamin Bloom.

FOTO LA HORA: AFP / José CABEZAS» title=»Los pacientes esperan el resultado de las pruebas de la gripe A H1N1 en el hospital nacional de niños Benjamin Bloom.

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<p>«Me duele todo el cuerpo y tengo fiebre. Por las dudas vine a hacer la consulta y estoy muy preocupada por mi bebé», dice Paola, hablando detrás de un tapabocas para proteger al niño de un posible contagio.</p>
<p>A su lado, Noelia Gutiérrez (30 años) espera que le den el alta, mientras narra su historia. «Vine la semana pasada con algunos sí­ntomas y me dieron los comprimidos para tomar durante cinco dí­as. Ahora me siento bien».</p>
<p>«Estuve con aislamiento domiciliario, tuve dolor de nuca, cabeza y espalda, fiebre», relata Noelia, quien debe figurar en la estadí­stica de 100 mil infectados que infiere el Gobierno, mientras contabiliza en 137 los muertos desde que se desató la epidemia en el otoño austral.</p>
<p>Pero otras 170 muertes están bajo estudio de laboratorio por sospecha de tratarse del virus A H1N1, así­ que la estadí­stica puede sufrir saltos permanentes en todo el invierno austral, tras ubicar al paí­s con más ví­ctimas mortales detrás de Estados Unidos (211) y por delante de México (124).</p>
<p>Noelia termina de hablar y se abriga de inmediato con una bufanda para cubrirse del intenso frí­o que se cuela por los pasillos de la sala, en la ciudad de Morón, situada en los suburbios de Buenos Aires.</p>
<p>La periferia de la capital es la zona más poblada del paí­s, con nueve millones de habitantes, altos í­ndices de pobreza, asentamientos precarios, violencia y desocupación. Sesenta y nueve de las muertes confirmadas se produjeron ahí­.</p>
<p>El histórico Hospital Alejandro Posadas, que fue usado por la dictadura (1976-1983) como centro de torturas y desaparición de opositores, sigue siendo un lugar de referencia en estos suburbios del oeste capitalino.</p>
<p>Junto a Paola está su pareja, Marcelo, que también tiene 17 años y un barbijo (cubrebocas), pero no parece un adolescente y menos aún desde que asumieron ambos la responsabilidad de ser padres de Lucas, el bebé de tres meses.</p>
<p>La institución tensó al lí­mite su capacidad con la llegada de miles de personas que saturaron sus salas, en las cuales han sido atendidos unos 4.500 pacientes.</p>
<p>«El pico de gripe fue en la última quincena de junio, cuando aparecieron casos muy graves que requirieron internación con asistencia respiratoria o cuidados intensivos», dice Silvia Bacigalupo, vicedirectora del hospital.</p>
<p>En su oficina de muebles y sillones desgastados, la médica insiste en que «hay que quitarle dramatismo a la enfermedad porque la Influenza A no es sinónimo de muerte».</p>
<p>«Se produjo un amesetamiento claro de la demanda por la enfermedad, pero el hospital sigue con toda la artillerí­a preparada», advierte.</p>
<p>«Actualmente no hay pacientes internados y solo hay dos personas en terapia intensiva», precisa Julieta Roqueiro, una psicóloga que fue ví­ctima de la epidemia al contagiarse el virus, del cual se recuperó.</p>
<p>Julieta critica a las autoridades por haber inferido, basándose en proyecciones, que hubo hasta ahora unos 100 mil enfermos, alegando que «antes se hací­an pruebas de laboratorio para todos los sospechosos y ahora solo se hacen para los casos que requieren internación».</p>
<p>El Hospital Posadas analiza las muestras de laboratorio y cuenta con un fuerte stock de medicamentos, que guardan bajo llave en una especie de caja fuerte, además de partidas de tapabocas.</p>
<p>La situación en el Posadas se asemeja a otros hospitales de la periferia porteña, pero en los centros sanitarios de las provincias es crónica la falta de insumos y personal.</p>
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EL SALVADOR Hospitales saturados


Miles de salvadoreños con gripe saturan a diario las salas de emergencias de los hospitales por temor a la gripe porcina, que ya dejó tres muertos y registra 404 casos confirmados en El Salvador, obligando a redoblar las medidas sanitarias para contener la enfermedad.

La sala de emergencias del hospital nacional de Niños Benjamí­n Bloom, en el sector noroeste de San Salvador, estos dí­as está congestionada con niños con sí­ntomas de resfrí­o o tos.

Las autoridades del hospital han tenido que colocar toldos en el estacionamiento de las ambulancias, improvisando lugares donde atender a los pequeños pacientes.

«A diario, noche y dí­a, están viniendo papás con sus niños con procesos gripales agudos o leves, y se nota que la gente a lo que le teme es que sus niños tengan la (influenza) A (H1N1)», dijo a la AFP el pediatra Werner Henrí­quez.

«En parte es bueno porque eso está haciendo que la gente consulte en hospitales, pero por otro lado ese temor está provocando saturación del sistema», agregó Henrí­quez.

Nora Reyes, de 38 años, tiene ingresada en el hospital Bloom a su hija Sara de 4 años desde la semana anterior con un cuadro de neumoní­a.

«Me dijeron que no me preocupe que no era esa gripe de los cerdos, era neumoní­a que padecí­a, tal vez el viernes me lleve la niña a casa, pero sí­ que da miedo esa gripe que anda dando», dijo Nora a la AFP, quien ha tenido que permanecer en el hospital pues no puede viajar a diario hasta su casa, en la ciudad de Ahuachapán, 100 km al oeste de la capital.

En otro sector de la capital, en la populosa colonia Zacamil, el estatal hospital Juan José Fernández está abarrotado de personas adultas en una zona especial habilitada para atender a enfermos de gripe.

El personal médico utiliza tapabocas y guantes de latex para atender a los pacientes de todas las edades.

Victor Antonio Alemán, de 56 años, esperaba sentado en una silla a ser atendido por padecer una fuerte tos que lo aqueja desde hace dos semanas.

«Ya vine a pasar consulta la primera vez y no me tomaron importancia, solo me dieron un jarabe que no hace nada contra la tos», afirma molesto antes de asegurar que su condición ha empeorado con los dí­as y ahora quiere que le den más medicinas, pero que estas sean «buenas, no chabelas (malas)».

El personal médico y de enfermerí­a que atiende el área de emergencia a ratos no da abasto para atender a los pacientes, muchos de los cuales prefieren irse a sus casas tras una infructuosa espera de horas.

«La gente debe entender que son muchos los pacientes y que no se puede atender a todos a la vez, pero hay gente, principalmente los ancianitos, que mejor se van a su casa y ese es un riesgo pues cuando regresan vienen en condición crí­tica», lamentó una jóven enfermera, Marcela Godoy.

De momento la influenza A H1N1 ha causado la muerte de tres niños en el paí­s, en donde oficialmente se registran 404 casos confirmados.

Este miércoles el ministerio de Salud informó que estudia el caso de una niña de ocho meses de edad que murió el martes y que se sospecha habí­a contraí­do la gripe porcina.