Todos los días de la semana, desde hace más de una década, temprano por la mañana colocan golosinas para vender, llenan tambos con agua y extraen las esponjas que posteriormente utilizarán para lavar carros. Se trata de una familia: un papá, una mamá y sus cuatro hijos, quienes han encontrado una forma de sobrevivir, prestando esos servicios en una calle del Centro Histórico.
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Se han acostumbrado a soportar calor, lluvia y frío, pues la necesidad de ganar unos centavos para sobrevivir ha logrado que la piel se les curta. Pero su labor también está llena de peligros, puesto que los «cristaleros» se han incrementado en los últimos meses. Pese a soportar las inclemencias del tiempo y los peligros, continúan con su labor.
El esfuerzo ha valido la pena, puesto que todos los hijos estudian. El mayor se graduó de Perito Contador, el segundo aprobó el cuarto bachillerato, una adolescente pasa a cuarto curso, y la pequeña, de tan solo cinco años, va a preprimaria.
Y el orgullo de una madre por darles a sus hijos la oportunidad de estudiar es evidente cuando ella habla acerca del esfuerzo cotidiano.-Es un orgullo tener hijos tan dedicados al estudio. Los tres se esfuerzan mucho. En especial mi hija, quien este año fue escogida de entre varias jóvenes a ser jueza por un día.
La adolescente fue seleccionada, entre varios cientos de estudiantes, por sus altas calificaciones, disciplina, dedicación y, sobre todo, por ser buena compañera. Ella compitió y ganó la oportunidad de vivir una experiencia diferente. Junto a tres jóvenes más, también distinguidos, llegaron a la Torre de Tribunales a participar en una audiencia, firmaron documentos importantes e hicieron un recorrido por el edificio.
-¿Don Edwin, don Edwin, ya vio la prensa de hoy? Vio que salió una foto donde está mi hija, dijo orgullosa la madre.
-Pues si me di cuenta de la noticia, pero no me percaté que era su hija, respondí.
-Venga a ver, se la muestro. Ya mero compraba todos los diarios de hoy, pues tenemos que conservar varios ejemplares para cuando ella sea grande los muestre a sus hijos y nietos, agregó.
La alegría pasó. Ahora esta familia se esfuerza más para lograr que la joven estudie en un Instituto de Educación para el Hogar. Y es que la jovencita, al igual que 300 recién egresadas de tercero básico, está entre las 85 que ganaron el examen.
-Mire don Edwin, la situación está difícil, porque aunque mi hija ganó el examen es probable que no vaya a estudiar a ese instituto porque se necesitan cerca de Q650.00 mensuales para gastos y nosotros no tenemos ese dinero. Ojalá que alguna empresa o persona quiera apadrinar a mi hija durante los cuatro años.
Luego de la plática seguí mi camino en medio del ruido de los carros y el humo de las camionetas. Hay que perseverar.-La vi caminando sobre la 7ª. avenida. Con su gorro por un lado, botines negros, pantalón de lona (guangocho), saco y su bolso de brin. Le comenté que estoy asistiendo a un curso acerca de redacción poética y al preguntarle si yo algún día llegaría a escribir como ella respondió: «el que persevera alcanza». Quien me dijo eso fue Isabel de los íngeles Ruano.
Pésimo clásico.-Junto a mis hijos fuimos a ver el clásico entre Rojos y Cremas, sinceramente fue peor que una chamusca del Cejusa. Barriletes importados.-Ya están vendiendo «papalotes» con figuras desagradables, parece que los importan de la China. Ya pasaron aquellos tiempos cuando se reunían hasta cinco niños a armar barriletes con varitas de coyote, papel de china y se amarraban con cáñamo.