Historia de amor y odio


Presidentes. El nuevo presidente de Francia, Nicolás Sarkozy, junto al ex presidente Jacques Chirac.

Discí­pulo y maestro, compañeros de partido o enemigos no declarados condenados a soportarse: las tormentosas relaciones entre el ex presidente francés, Jacques Chirac, y el nuevo jefe de Estado, Nicolas Sarkozy, terminaron hoy con la investidura de éste y la retirada de la polí­tica del veterano mandatario.


Ninguno de ellos confesó nunca públicamente sus diferencias, su rencor o sus tensiones, pero su rivalidad era bien conocida en Francia.

«Muchas cosas falsas han sido dichas sobre mis relaciones con Sarkozy. Conozco bien sus cualidades, que son muchas, y sus defectos», declaró el ex presidente en un libro recientemente publicado llamado «El desconocido del Elí­seo».

Nuestras relaciones «no corresponden a la dramaturgia un poco ridí­cula explotada en los medios de comunicación», corroboró por su parte Sarkozy.

Chirac, que mantuvo el misterio hasta el final sobre sus intenciones de cara a las presidenciales de abril y mayo de 2007, quiso primero obstaculizar el camino de Sarkozy a la presidencia, pero acabo resignándose a desaparecer y dio un tí­mido apoyo a Sarkozy, aunque no participó en absoluto en la campaña.

Por su parte, el nuevo presidente no citó el nombre de su mentor la noche de su victoria, el 6 de mayo, y sólo se refirió a él el miércoles, en su discurso de investidura, cuando dijo que Chirac «durante 12 años trabajó por la paz e hizo brillar en el mundo los valores universales de Francia».

«Quiero mostrar mi respeto por Jacques Chirac, quien en 1975 me dio la oportunidad de pronunciar mi primer discurso», declaró Sarkozy el 14 de enero de 2007 cuando fue proclamado oficialmente candidato de su partido, la UMP, partido creado por Chirac.

Efectivamente, siendo aún muy joven Sarkozy se unió a Chirac y fue creciendo polí­ticamente a su lado hasta que fue elegido alcalde de Neuilly sur Seine, ciudad burguesa a las afueras de Parí­s, con tan sólo 28 años. El joven Sarkozy tuvo un lugar entre los allegados más cercanos de Chirac e incluso fue testigo en la boda de su hija menor, Claude.

Pero la luna de miel terminó en 1995, cuando Sarkozy, ante una derecha dividida entre Edouard Balladur y Chirac, optó por apoyar al primero en las presidenciales, pero fue Chirac quien ganó las elecciones.

Repudiado tras esta «traición», Sarkozy esperó pacientemente el momento de volver a la primera lí­nea de la vida polí­tica. Aunque Chirac nunca volvió a confiar en él, le incluyó en su gobierno en 2002 cuando fue reelegido.

«Si quise que participara en el gobierno en 2002 es porque conozco sus cualidades. Es un hombre activo, inteligente, un hombre polí­tico de primera lí­nea. Era un plus para la mayorí­a y pensé que serí­a un buen ministro del Interior», explica Chirac en su libro.

Sin embargo, el ex jefe de Estado no cesó de marcar sus diferencias con su ministro y le llamó al orden en varias ocasiones. «Yo decido, él ejecuta», declaró Chirac a la televisión el 14 de julio de 2004, dí­a de la fiesta nacional francesa.

Un año después Sarkozy organizó una fiesta paralela para periodistas en su ministerio, mientras Chirac recibí­a en el Palacio del Elí­seo, como es la tradición.

El gesto fue considerado una provocación.

Pero conforme se acercaba la fecha de las elecciones, Sarkozy, elegido candidato de la UMP por los afiliados, recibió poco a poco el apoyo de los pesos pesados de la derecha, incluso entre los fieles de Chirac.

Opuestos, pero al mismo tiempo con muchos puntos en común, los dos polí­ticos son los primeros en reconocer su parecido, que tal vez explique estos años de rivalidad.

«Si se mira bien, hay muchos puntos de convergencia», admitió Chirac.

«Tal vez, el comportamiento de uno recuerde al del otro», corroboró Sarkozy.