Hipócrita y manirrota conmemoración del sexagésimo aniversario de la Revolución del 20 de Octubre de 1944 II


En el artí­culo anterior me pronuncié contra de la fastuosidad de la celebración, no sólo porque gastar Q7 millones en esas festividades, de los cuales 3000 artistas extranjeros se llevarán quien sabe cuántos, que mucho se necesitan en el paí­s en la situación de hambruna en que está el pueblo y en el que hasta mueren centenares de niños y adultos de desnutrición y, además, porque es un sarcasmo honrar aquella histórica Revolución, por un gobierno cuya polí­tica no es sólo diferente sino antagónica, porque entonces la ideologí­a polí­tica guí­a del proceso fue la de auténtica social democracia popular y antiimperialista y, ahora, el Partido Oficial y su dirigente, el Presidente de la República, se autocalifican social demócratas, pero gobiernan como liberales, ¡ojalá! como Abraham Lincoln, sino como sus paradigmáticos í­dolos Reagan o Bush.

Alfonso Bauer

También exhorté a los organizadores de la Conmemoración, si es que sinceramente admiran a aquella Revolución a que exijan a los tres organismos del Estado, comenzando por sus Presidentes, a que, YA inicien el cambio de polí­tica, y emprendan la lucha polí­tica, económica y social, que se identifique como la de la recuperación y avance del proceso revolucionario, democrático y popular, por lo menos, de algunos de sus importantes logros e indiqué ocho de ellos.

Sin embargo, por falta de espacio ya no fue posible dar a publicidad el resto de propuestas, lo que haré a continuación:

9) RESTABLECER el funcionamiento de la Policí­a Nacional Civil y del Ejército Nacional para garantizar la seguridad de toda la población y la salvaguarda de la independencia patria, la soberaní­a nacional y el honor y dignidad de Guatemala, así­ como la integridad de su territorio.

10) RECUPERAR los satisfactorios í­ndices de probidad de las autoridades públicas, dignatarios, funcionarios, empleados, trabajadores, en general del Estado, así­ como Jueces y Magistrados del Organismo Judicial, de la Corte de Constitucionalidad, del Ministerio Público, etc, etc.

En general, EXTERMINAR la corrupción e impunidad existente, no sólo en el sector público, sino en la sociedad.

11) HACER CESAR de inmediato el endeudamiento público. Y tener siempre presente la patriótica recomendación del presidente Juan José Arévalo: «NO aceptar empréstitos, porque lo que se recibe en dinero con la mano derecha, se entrega en soberaní­a con la mano izquierda».

12) ERRADICAR la deshumanizada incultura de discriminación étnica, social, de género, por razón de edad. Y eliminar, la ya cotidiana, violación del derecho a la vida, por homicidios y asesinatos contra pilotos de autobuses, feminicidios e infanticidios… Decesos también ocurridos porque la polí­tica social del Estado, a partir de 1954, ha sido indiferente, a las necesidades elementales de nutrición de la mayor parte de la población que sobrevive en estado de pobreza y extrema pobreza.

13) VOLVER a ser un Estado soberano con dignidad nacional y no, como ahora, una especie de Estado «libre» asociado a los EE.UU.».

Cuando así­ vuelva a ser el Estado de Guatemala, como lo fue en la década de 1944 a junio de 1944, entonces Sí podremos los guatemaltecos conmemorar la Revolución del 20 de Octubre de 1944, ¡A TODO DAR!

De mi parte, hasta donde me alcancen las fuerzas, seguiré en la brega porque ese retorno, sea no sólo presente sino futuro y, por ello, en la dimensión de la Polí­tica, hermanada con la í‰tica, los guatemaltecos debemos esforzarnos por hacerlo realidad, como lo están haciendo miles de campesinos (as), obreros(as), artistas, intelectuales, el concepto de REVOLUCIí“N, del mejor discí­pulo del héroe de Dos Rí­os, José Martí­, FIDEL CASTRO, que, en esencia es:

REVOLUCIí“N… es sentido del momento histórico; es cambiar todo lo que debe ser cambiado; es igualdad y libertad plenas; es ser tratado y tratar a los demás como seres humanos; es emanciparnos por nosotros mismos y con nuestros propios esfuerzos; es desafiar poderosas fuerzas dominantes dentro y fuera del ámbito social y nacional; es defender valores en los que se cree al precio de cualquier sacrificio; es modestia, desinterés, altruismo, solidaridad y heroí­smo; es luchar con audacia, inteligencia y realismo; es no mentir jamás ni violar principios éticos: es convicción profunda de que no existe fuerza en el mundo capaz de aplastar la fuerza de la verdad y las ideas. Revolución es unidad, es independencia, es luchar por nuestros sueños de justicia (él escribió para Cuba y yo digo, para Guatemala) y para el mundo, que es la base de nuestro patriotismo, (y él agrega), nuestro socialismo y nuestro internacionalismo).

¡QUí‰ ASí SEA, EN CUBA, EN GUATEMALA, EN CENTROAMí‰RICA Y EN TODA NUESTRA AMí‰RICA!