Hipocresí­a ante China


En su última edición, INFORPRESS sostiene que el gobierno de Costa Rica «abrió grieta para Taiwan en Centroamérica». La realpolitik del presidente í“scar Arias «dejó atrás una larga relación», si bien se trata de una «traición», ya que no se dio un proceso de advertencia y transición en el rompimiento de relaciones diplomáticas. El dramatismo costarricense fue innecesario porque podí­a darse un pragmatismo más inteligente como el de Estados Unidos para relacionarse con las dos Chinas.

Marco Vinicio Mejí­a

Desde una perspectiva económica, el dilema es aparente porque no se trata de sustituir una China por otra, sino en definir el tipo de intercambio con cada una. Taiwan puede servir de puerta de entrada al inmenso mercado continental. Desde el punto de vista polí­tico, en la decisión guatemalteca de mantener relaciones con Formosa tiene gran incidencia el apoyo recibido de la isla durante la guerra interna, si bien ahora los compromisos no son como antes, entre regí­menes militares. Otro aspecto polí­tico deja en evidencia la doble moral de la oligarquí­a guatemalteca, que durante décadas ha justificado el distanciamiento de otra isla rebelde, Cuba, basándose en la lucha contra el comunismo, pero, en el caso de China continental no se ruborizan en dejar a un lado los ideales «libertarios» que pregonan sus tanques de pensamiento, ya que es más importante que sus mercancí­as ingresen en un mercado inmenso en lugar de denunciar el imperialismo de un régimen «comunista».

A estos mercaderes hipócritas les recuerdo que en 2007 se cumplieron 49 años del levantamiento popular tibetano contra la ocupación china del Tí­bet histórico. Durante casi cinco décadas se ha rechazado la ocupación del Tí­bet y el imperialismo chino en Mongolia Interior y el Turkestán Oriental. El movimiento por la independencia del Tí­bet engloba a personas de distintas nacionalidades, etnias, credos e ideologí­as, unidos todos por una causa justa relegada a un segundo plano por las potencias occidentales y la presión de las represivas autoridades de la República Popular China.

Desde los años noventa esta oposición se ha fortalecido con el apoyo de un sinnúmero de simpatizantes de la causa de un pueblo oprimido y salvajemente silenciado por las tropas del Ejército de Liberación Popular. El levantamiento popular de 1959 representó la oposición de la mayorí­a de la población tibetana a la ocupación, pero a la vez, actuó como un movimiento contrario al Tí­bet feudal y servil de los Dalai Lamas. Desde entonces se dieron varias réplicas a pequeña escala, destacando la revuelta de 1989, iniciada meses antes de las matanzas de Tiananmen.

En el cada vez menos «mundo libre», debemos fortalecer la solidaridad con los pueblos explotados, con el 80 por ciento de una humanidad salvajemente reprimida por el Capital y las potencias occidentales. A aquellos seducidos por la codicia de ingresar en el inmenso mercado chino, debemos exigirles que no ignoren la legí­tima lucha del pueblo de Taiwan y tengan presente el genocidio tibetano, al igual que la resistencia heroica de Cuba, Palestina, Sahara, Turkestán, Mongolia Interior, Chiapas, Chechenia, Kurdistán, Canarias, Euskal Herria y Paisos Catalans.