Puede considerarse como una perogrullada decir que Barak Obama conquistó en buena lid, por segunda vez, la Presidencia de los Estados Unidos de América, superpotencia mundial contra la que existe una conspiración internacional.
De manera que Obama tendrá la oportunidad de seguir cuatro años más ocupando la Casa Blanca tan codiciada por los líderes de los dos poderosos partidos norteamericanos: el Demócrata y el Republicano.
Fue realizada como a ultranza la campaña electoral estadounidense que culminó ruidosamente el martes 6 de los corrientes.
Mitt Romney no las pudo en la mencionada campaña contra Obama, y es que Obama tuvo positivos actos en el primer período de funciones que está tocando a su fin, especialmente su ardua lucha, contra el terrorismo y propiciando el progreso integral de la gran nación.
Romney no tuvo mucho carisma como para derrotar a su contrincante, quizá porque, como se piensa en los diversos círculos de la sociedad de su democráticamente abanderada y muy admirada patria, están deseando una paz duradera en vez de una hecatombe que podría reducir a cenizas a casi toda o a toda la humanidad.
Es de subrayarse el gesto de Romney de reconocer de inmediato, sin problemas, el triunfo de Obama tras saberse los resultados de las votaciones, lo cual ha sentado tradición respecto de los aspirantes a la presidencia estadounidense que no tuvieron oportunidad de disfrutar la dolce farniente en la Casa Blanca… ¿Ya tomaron nota aquí los politiqueros?
A George W. Bush se le señala de guerrerista, y eso impacta en la mentalidad de los norteamericanos, sobre todo entre los incautos, no así entre la gente pensante e imparcial de diversas latitudes.
Ahora bien, los hombres y las mujeres de todas partes, que no tienen telarañas en los ojos ni serrín en vez de masa encefálica, ni petrificado el corazón, reconocen que mister Bush tuvo sobrada razón al no andarse con titubeos contra los terroristas de Iraq, de Afganistán y de otros lares que son harto conocidos en todas partes. Sólo ciertos obcecados han vivido arremetiendo contra el expresidente yanqui que actuó como debía actuarse como consecuencia del diabólico atentado que destruyó las Torres Gemelas en Nueva York; atentado ese que ha merecido y sigue mereciendo el repudio de los pueblos libres, amantes de la paz y de los derechos legítimos y soberanos.
Viene al caso decir que Obama corrió parejas, a lo largo de la contienda comicial apuntando al poder de poderes de los Estados Unidos de América, con Romney. Tanto uno como el otro hicieron promesas de actuaciones decisorias orientadas a solucionar en la mejor forma posible lo relativo a la economía, a la salud, a la educación, a la migración, a las relaciones internacionales, pero falta que ver la realidad de realidades, valga el pleonasmo…
Enfatizamos en el sentido de que los políticos yanquis que tienen una militancia ejemplarmente activa, así como pueden fruncir el ceño en una disputa electoral como la que indicamos en líneas anteriores, pueden deponer beligerancia cuando las cosas han sido resueltas cívicamente en las urnas. Entonces, la colaboración no se hace esperar, incluso a la hora de producirse los grandes conflictos nacionales e internacionales. Y es que los ciudadanos estadounidenses son, ante todo, estadounidenses, incuestionablemente PATRIOTAS, palabra así escrita, con mayúsculas.
Nosotros votamos hoy simbólicamente a través de esta columna del vespertino LA HORA, porque el reelecto presidente de los Estados Unidos de América, mister Barak Obama, en la otra jornada cuatrienal que le corresponde lo guíe una estrella luminosa en el camino para que su importantísimo desempeño sea exitoso en todos los aspectos.