He escuchado en varias ocasiones que las personas prefieren no enterarse de las noticias diarias porque saben que siempre predominan los reportes de los acontecimientos negativos y eso, con justa razón, los deprime, frustra y doblega.
jestrada@lahora.com.gt
Los entiendo. Escuchar y leer a diario noticias sobre violencia, pobreza o corrupción no es fácil. Conocer la verdad siempre es un asunto complicado y desalentador que muchos quieren evitar cuando están ante un panorama desfavorable o problemático.
Sin embargo, por duro que sea, es necesario conocer la realidad en su justa dimensión. Vivir engañados, pensando en que estamos bien o evitando nuestro entorno, no cambia nada. Al contrario, ese optimismo superficial y la indiferencia perpetúan los problemas, si no es que los agravan, porque nos evita también la búsqueda de soluciones y acciones para el cambio.
Volver la cara hacia otro lado para no ver a los niños que mueren por hambre, las mujeres asesinadas o los funcionarios corruptos es una salida fácil, pero no efectiva. Si los problemas que hoy tenemos no nos interesan y no hacemos algo para resolverlos, mañana será más difícil encontrar las soluciones.
Desde la óptica de un periodista, este planteamiento está muy claro. La precariedad y la miseria no son noticia en Guatemala. Se convirtieron en algo cotidiano, al punto que nos ha hecho perder la capacidad de asombro sobre hechos y situaciones dramáticas, que deberían indignarnos y motivar algo más que quejas o lamentos.
¿La motivación? Vivir bien. Los guatemaltecos merecemos un nivel de vida acorde a nuestro esfuerzo diario y al potencial del país. No es justo que la pobreza prevalezca en un país de gente trabajadora y rico en recursos.
A diferencia de países como España, donde viven en una dura crisis económica y social desde el 2008, en Guatemala vivimos en una crisis permanente. En mi caso particular, desde que nací hasta la fecha, la crisis siempre ha estado vigente en el país; no tiene principio y parece no tener fin, pues no existen registros ni indicios de que pronto podamos alcanzar un estado de bienestar colectivo y tampoco se avizoran soluciones para los problemas del país.
Tenemos derecho a conocer la justicia social y el desarrollo, la igualdad y la democracia.
¿Qué hacer? Informarnos y enterarnos de los problemas del país es el primer paso, pero no es suficiente. Aunque son limitados, existen mecanismos de participación para que los ciudadanos influyan directamente sobre las autoridades; una de las herramientas más efectivas es el voto de castigo para quienes ya han demostrado no ser dignos representantes de la población.
Además, la fiscalización, la manifestación y la acción legal son derechos que asisten a toda la ciudadanía y que utilizados de forma coherente y consciente pueden hacer el cambio entre nuestros problemas y las soluciones que buscamos.
El inmovilismo no es una opción. Si queremos que cicatricen las heridas de Guatemala tenemos que actuar.