Hedonismo y anhedonia


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La anhedonia ha sido descrita como la incapacidad de experimentar placer, la pérdida de interés o satisfacción por casi todas las actividades, que tal vez, en algún momento de la vida fueron descritas como agradables. Y constituye uno de los síntomas más frecuentes de la depresión.

Dra. Ana Cristina Morales


El hedonismo es una doctrina de la filosofía que considera al placer como la finalidad o el objetivo de la vida. Las personas hedonistas, viven para disfrutar de los placeres, intentando evitar el dolor. Epicuro de Samos, filósofo griego de los años 341-70 a.C. estableció que la meta máxima de cualquier ser humano es la consecución de la felicidad. Y para ello sugería la satisfacción moderada de las necesidades corporales, la búsqueda de bienes materiales que le dan seguridad y el cultivo de la amistad, el amor, las letras y las artes. Asociando la idea de placer a la paz y a la calma, la reducción del deseo y no la obtención del placer de manera inmediata.

Para Epicuro, la presencia del placer es sinónimo de ausencia de dolor, incluyendo dentro del concepto, la ausencia de aflicción –dolor emocional–. Él consideraba que ningún placer es malo en sí.  La causal de la anhedonia no es clara. Algunos expertos coinciden en que puede tratarse de una alteración del sistema que regula la dopamina cerebral, que es un neurotransmisor asociado a las sensaciones de placer y satisfacción.

Las personas que padecen de anhedonia, no necesariamente presentan un desorden depresivo. Sin embargo, este síntoma es cardinal en los cuadros de depresión. Ellas refieren este hecho, como que ya nada les interesa en la vida, que sus cabezas se encuentran huecas, que no logran sentir y que esto último les causa un desasosiego en la existencia. Que lo que antes les causaba placer, entusiasmo y apego a la vida y a sus seres queridos, ahora, se encuentra oculto, en un lugar lejano, al cual no pueden acceder.

El depresivo siente que “debería” sentir y con ello comprometerse con su vida y la de los suyos. Pero la importancia de ello se ha desvanecido, el grado de desinterés se maximiza y por ende ya no importa mucho nada. En estas circunstancias las ideas suicidas emergen y aún las homicidas.  Podría ser algo así como, si yo ya no puedo responder ante la vida. Y me siento tan lejos de mis afectos y de mis intereses que pienso que tienen obligatoriedad para mí. Mejor desaparezco, me esfumo y me llevo conmigo a las personas que necesitan de mí.  Como ejemplo, podríamos pensar a una mujer y madre con ideas suicidas. Que antes de morir, piensa en matar a sus hijos, porque ellos son su responsabilidad y necesitan de ella. Así que mejor si ella va a morir, que ellos también mueran.

El placer en la vida  va ligado con la esperanza, con el entusiasmo, con la capacidad de asombro, con el mantenimiento continuo de una respuesta al vínculo que mantenemos con ella. Pero en la depresión, este nexo con la vida desaparece y por lo tanto, la vida carece de sentido.