Hay que separar el trigo de la paja


La torre de la financiera Burj Dubai, la que se convertirá en la más alta del mundo una vez finalice su construcción, es el sí­mbolo de la capital de Emiratos írabes Unidos, que hicieron temblar al mercado bursátil por su crisis. FOTO LA HORA: AFP KARIM SAHIB

La preocupación planteada por la crisis de la deuda en Dubái tendrí­a que incitar aún más a los inversores a discernir entre los diferentes paí­ses emergentes, aunque no calmará su apetito por estos mercados que continúan siendo atractivos, indicaron analistas.


A menudo más veloces para superar la crisis que las economí­as desarrolladas, los paí­ses emergentes han tenido hasta el momento el apoyo de los inversores, en especial porque sus í­ndices bursátiles han mostrado progresiones espectaculares.

La última encuesta mensual de BofA Merrill Lynch Global Research ante los gerentes de fondos de inversiones ha revelado que el apetito por las acciones de los mercados emergentes se encontraba en su nivel más alto de los últimos cinco años.

Pero la crisis de la deuda de Dubái deprimió a las bolsas emergentes durante varios dí­as, especialmente en Asia, y despertó temores que no se limitan al Emirato.

Además de Dubái, Argentina, Venezuela, Vietnam, Ucrania, los paí­ses bálticos (Lituania, Letonia y Estonia), Hungrí­a, Rumania e incluso Grecia e Irlanda figuran entre los mercados desaconsejados en forma regular.

La selección reforzada entre naciones emergentes beneficia más que nunca a los grandes paí­ses, en primer lugar Brasil, India y China, cuyas plazas bursátiles han conocido crecimientos muy sostenidos desde principios de año.

Estos paí­ses seducen además por la buena resistencia de su demanda interna, que compensa en forma parcial la débil recuperación de los grandes mercados de exportación tradicionales, como Estados Unidos y Europa Occidental.

Para el experto Guillaume Tresca, de Calyon, lo ocurrido en Dubái «no ha cambiado la visión global que se tení­a de los paí­ses emergentes».

La mayorí­a de los grandes inversores considera que el escenario de un desempeño superior al de los paí­ses desarrollados «no ha sido cuestionado», explica de su lado Magda Branet, analista de Axa IM.

Sin embargo, «esto recuerda a los inversores que es necesario ser discriminatorio y que cuando se habla de paí­ses emergentes no debe pensarse en un grupo compacto», subrayó el director de gesiotnes de Groupama AM, Romain Boscher.

En cuanto a lo ocurrido en el emirato, «Dubái no presentaba un riesgo sistémico», es decir que amenaza al sistema financiero en su conjuto, y «no es un mercado emergente clásico», consideró el analista Joost Van Lenders, especialista en inversiones del banco Fortis Investment.

La particularidad de Dubái reside principalmente en su doble dependencia del endeudamiento y el inmobiliario, un cóctel explosivo.

Para los paí­ses considerados como riesgosos, las principales fuentes de preocupación de los inversores son el endeudamiento público, la recesión brutal o la inestabilidad cambiaria.

De todos modos, los inversores estiman que hoy en dí­a ya se conoce bien la cartografí­a de riesgos emergentes y que no queda lugar para muchas sorpresas.

Si el anuncio de Dubái sorprendió, las dificultades del emirato ya habí­an sido identificadas, afirman banqueros y analistas.

«Habrá sacudidas, pero que serán menores y poco sorprendentes para aquellos que han hecho bien su trabajo», indicó Boscher.