Hay que respetar la soberaní­a de un Estado


Bastante ha dado de que hablar la injerencia del señor íngel Remigio González en los asuntos internos del paí­s, aunque no es culpa suya, sino de quienes se lo han permitido al cambiar su «primogenitura por un plato de lentejas». Esto pone de manifiesto la debilidad en algunas de las altas autoridades de Gobierno para hacerse respetar como les corresponde.

José Antonio Garcí­a Urrea

La desaprobación a tales hechos está patente en todos los estratos sociales del paí­s, pues se considera inadmisible que todo un Presidente de la República así­ como dignatarios de la Nación tengan que postrarse ante un extranjero en pos de canonjí­as electoreras anticipadas, y así­ mismo les dicte la conducta que deben seguir para la emisión de determinadas leyes que irán en su favor.

No es la primera vez que se dan situaciones de tal naturaleza, y ya desde antes los medios periodí­sticos las habí­an señalado; pero no obstante llamar a la reflexión sobre ellas, no se les ha puesto atención al considerar que son «crí­ticas», cuando deben tomarse como «consejos» para una oportuna corrección.

En el caso actual de la televisión abierta y de las frecuencias a radioemisoras, las frecuencias son del Estado y éste las da en arrendamiento a determinada persona, pero no cede su propiedad, como el propietario de un inmueble lo alquila a determinada persona sin ceder su derecho de propiedad, y puede pedirle que lo desocupe cuando lo considere necesario.

Al cavilar sobre el tema, pienso que para que elegir a las autoridades que han de hacerse cargo de la cosa pública si al final de cuentas es un extranjero quien viene a disponer lo que ha de hacerse, y se acatan sus dictados con menos precio de lo que dicte nuestra Constitución Polí­tica, que Guatemala es un paí­s LIBRE, SOBERANO E INDEPENDIENTE, o ¿es que ya hubo reformas en sentido contrario? Como guatemaltecos debemos defender nuestra soberaní­a, hay que tener presente lo que expresa nuestro Himno Nacional, «si mañana tu suelo sagrado/ los amenaza invasión extranjera», la invasión no debe ser forzosamente bélica.

Pienso: ¿qué pasarí­a si un «pistudo» guatemalteco fuera a México a pretender darle instrucciones sobre su quehacer al presidente Calderón o a los diputados?, pues que lo declararí­an indeseable, le pondrí­an un plazo perentorio para que abandonara el paí­s y dictarí­an prohibición para que pudiera regresar allá.

Y hablando de soberaní­a, está el sonado caso de Venezuela en donde el presidente Chávez dio orden para que sacaran en «zopilotí­o» al eurodiputado español por haberlo calificado de dictador, allá, en Venezuela. Aquí­ hay dos circunstancias, primera, que dicho eurodiputado actuó en contravención de los cánones diplomáticos y segunda, ese actuar en contra de un dignatario extranjero, de quien debió respetarse su investidura. Así­ a vuela tecla da la impresión de que dicho eurodiputado atropelló la soberaní­a venezolana, y en defensa de ella el mandatario Chávez se extralimitó en sus órdenes.

En el caso que se comenta no hay situaciones diplomáticas, pero sí­ de vulneración de nuestra soberaní­a, y como guatemaltecos tenemos pleno derecho a defenderla.