Hay que poner orden antes que sea demasiado tarde


Los guatemaltecos debemos estar claros que de acuerdo a lo que reza la Constitución, todos tenemos derecho a hacer lo que la ley no prohí­be; tampoco estamos obligados a acatar órdenes que no estén basadas en ley y emitidas conforme a ella; somos libres de entrar, permanecer, transitar y salir del territorio nacional, sin más limitaciones que las establecidas por ley y finalmente, son nulas ipso jure las leyes y disposiciones que disminuyan, restrinjan o tergiversen los derechos que la Constitución garantiza.

Francisco Cáceres Barrios

Por otra parte, las corporaciones municipales para obtener sus recursos económicos están facultadas para procurar los mismos y así­ poder realizar las obras y prestar los servicios que les sean necesarios pero, deberán ajustarse a que exclusivamente al Congreso le corresponde decretar impuestos ordinarios y extraordinarios, arbitrios y contribuciones especiales.

Entonces, ¿cómo es que se ha estado permitiendo poner más desorden en nuestro paí­s, como si no fuera suficiente el relajo en que vivimos? Digo lo anterior, porque algunos municipios han establecido tarifas a cobrar a quienes traspasen sus lí­mites territoriales, sin tomar en cuenta la legalidad del procedimiento, mucho menos velar porque tales disposiciones sean justas, equitativas y emitidas bajo el principio de la capacidad de pago de los contribuyentes.

Especí­ficamente, la corporación edilicia de la Antigua Guatemala, aprovechando la llegada de la época cuaresmal, cuando aumenta la afluencia de católicos, como de quienes disfrutan de nuestras tradiciones y costumbres, dispuso cobrar entre Q10 y Q50 por cada vehí­culo que ingresa a la ciudad colonial, disfrazándolo de uso de «estacionamiento» en sus calles y avenidas, sin prestar a cambio ningún servicio, mucho menos velar por la seguridad de los mismos y de sus visitantes.

Según parece en cumplimiento del famoso refrán que dice: «el que entre la miel anda todo se le pega» a algunos alcaldes se les pegó el desmedido afán de su colega capitalino por aumentar sus ingresos a troche y moche pese a la ilegalidad de sus disposiciones y al paso que vamos, no está lejos el momento en que, cuando dispongamos darnos un chapuzón en las playas del Pací­fico, por ejemplo, tengamos que pagar peajes, cuotas o «estacionamientos» en cada lugar que vayamos pasando, Villa Nueva, Amatitlán, Palí­n, Escuintla y tantos sitios más.

Este comentario no lleva un prurito opositor a los cobros municipales, mucho menos oponerme a los sanos deseos por lograr el desarrollo de tantos lindos parajes de nuestra Guatemala, sino insistir en la necesidad forzosa de cumplir con las leyes que nos rigen, como que ya es hora de dejar de lado el simple afán municipal de lucro sin prestar a cambio ningún servicio.

Por ello pregunto: ¿por qué los antigí¼eños no ven más allá del árbol y construyen cómodos y limpios estacionamientos para sus visitantes y de paso, despejar de vehí­culos sus ya de por sí­ atiborradas como empedradas calles?