«Palestina está sufriendo en el exilio, la opulencia de Israel, por un gobierno prepotente, preparado para la guerra, por tú ya sabes quien». .. Intifada, Ska-p.
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Sus fotografías, evidencias mudas, frías y siniestras, sólo pueden aguardar. Un título parecido a ¿qué podemos hacer? ocupa el espacio de asunto y su remitente «desconocido» lo ubica en la bandeja de correos electrónicos spam.
«La operación no fue concluida, necesitábamos dos o tres días más de ataques constantes», revela espantosamente el texto que al inicio del correo se comienza a leer. Es otro desconocido quien hace tales declaraciones y del cual, esta vez, se sabe únicamente que es militar.
El impacto visual es devastador. Como si se tratase de un exhibidor de objetos de colección, las fotografías muestran a soldados israelíes posando junto a los cadáveres de niños, mujeres y ancianos palestinos masacrados.
Algunos medios nacionales del día confirman que el «desconocido» es uno de tantos jefes de unidad, en el grado de tenientes coroneles, quienes al regresar a su vida civil ejercen como maestros, doctores, arquitectos y quienes, además, tienen terminantemente prohibido revelar su identidad para evitar ser acusados de crímenes de guerra.
Un crimen de guerra se comete al violentar el Derecho Internacional Humanitario y según organizaciones de derechos humanos, sobre el gobierno sionista de Israel pesa el haber utilizado fósforo blanco en ataques contra civiles, bombardeos específicos a centros educativos, almacenes de asistencia alimentaria, hospitales y edificios residenciales.
Si bien, al momento ya se tiene un recuento que arroja la cifra de población palestina asesinada a más de mil 300, seis mil heridos, cuatro mil viviendas completamente destruidas y 17 mil inhabitables, sin mencionar a los desplazados, los desaparecidos, las viudas y los huérfanos, no puede obviarse que además de la asistencia por parte de otras naciones, también urge una enérgica condena contra el Estado de Israel por tales crímenes.
Es indignante que militares «desconocidos» y amparados por autoridades asesinas declaren que «está ofensiva está lejos de ser la última. No es el final de la historia. Tenemos la capacidad y podemos volver a hacerlo de nuevo, no hay prisa».
Sí se cometieron crímenes de lesa humanidad contra la población civil palestina, sí hay genocidio y sí se contó con la complicidad de otros Estados en esta masacre que nunca podría calificarse de guerra.
No basta con sumarse a la condena contra el genocidio sufrido por el pueblo palestino, se debe exigir que los gobiernos sancionen al Estado israelí verdugo, que con toda impunidad promueve el exterminio de un pueblo completo.