Como una breve reseña, Edgar Vinicio Quiñonez de la Cruz nació el 9 de mayo de 1963, se graduó de Bachiller en Ciencias y Letras del colegio Liceo Javier en 1981. Luego se graduó de Ingeniero Civil de la Universidad de San Carlos de Guatemala en 1991, estaba casado y tuvo cuatro hijos.
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La primera noticia de su deceso ya me había causado un profundo dolor y comencé a revisar los demás correos, como deseando confirmar que la noticia era cierta. Son de aquellas noticias que duelen porque se sienten como punzadas donde más lastima. Continué recordando nuestros años en el colegio y traer a la memoria las características más notables de su personalidad, todo esto dejándose notar en mi exterior.
Durante los años del colegio Vinicio fue mi compañero de clase, era un estudiante muy aplicado, amable, reservado, muy inteligente, risueño y era un muy buen amigo. Desde que salimos del colegio muchos no lo volvimos a ver sino hasta el festejo de 25 años de la promoción, cuando de repente apareció. Muchos no le reconocimos porque estaba en apariencia cambiadísimo, ¿quién es aquel? preguntábamos con voz baja entre nosotros. A mí me costó creer que de verdad era nuestro compañero y amigo Vinicio Quiñonez, pero sus ojos claros le delataron. Fue la última vez que lo vi y traté, aunque después tuve algunas conversaciones telefónicas con él, hasta esta trágica noticia.
Edgar Vinicio Quiñonez en resumen era una persona con dones y carismas especiales. Él era una persona que sabía valorar a sus amigos porque sabía lo que significa la amistad, pero siempre apacible y en silencio. Siempre deseaba el bien para sus amigos. Su humildad, su buen corazón y su fe en Dios hace de él un candidato fuerte para obtener la vida eterna que nuestro Señor Jesucristo nos ofrece a cambio de creer en Él, ser generosos, ser misericordiosos y ser caritativos con nuestro prójimo día a día.
Marvin Mayén escribió hoy en Facebook: “es el día en que la vida me obliga a despedir a un gran ser humano, a una persona especial, que se nos ha adelantado en el viaje al encuentro con DIOS, rogándole al Creador por un lugar muy especial en los cielos para él, para quien por muchos años fue mi jefe, mi compañero de trabajo y también gratamente MI AMIGO, hasta pronto Edgar Vinicio Quiñonez de la Cruz, respetablemente Ing. Vinicio, gracias por haber confiado en mí, gracias por haber creído en mí, su recuerdo permanecerá intacto en mi vida y en la de mi familia. Se quedan en el recuerdo aquellas tardes en las que sentados en algún lugar donde nos correspondiera laborar, pasamos hablando del trabajo, de nuestras familias y tantas enseñanzas que me han servido a seguir triunfando. Ruego a todos una oración por su descanso eterno. A su familia mucha fortaleza pues sé que la pérdida es incalculable e insustituible, pero confiados en el amor de nuestro Señor JESÚS se encuentre en el mejor lugar en los cielos.
“¡Hoy es el día para expresarnos y besar y abrazar a nuestras familias, y desearle y hacer el bien a TODOS! Mañana puede ser muy tarde”. “Cada día es un regalo de Dios y debemos de aprovecharlo al máximo, es como una hoja en blanco que se nos entrega todos los días y debemos llenarla de cosas buenas, de cosas productivas y de cosas positivas. Y así cada día que pasa, y al irnos a dormir cansados, angustias, penas y posiblemente con dolores ofrezcámoselos a Dios y a María, nuestra Madre del Cielo, para que al despertar seamos mejores seres humanos, más amorosos”
¡Que Dios te reciba con sus brazos abiertos Vinicio…eras en esta tierra, una gran persona! ¡Te extrañaremos!
¡Un abrazo cálido para todos los amigos de la Promoción XXII del Liceo Javier, que Dios los bendiga y proteja siempre!