Haití­, una tragedia


Ninguna persona puede ni debe permanecer insensible ante la enorme tragedia que los habitantes de Haití­, especialmente de Puerto Prí­ncipe, han sufrido.

Juan Francisco Reyes López
jfrlguate@yahoo.com

En 1970 por razones de trabajo, encontrándose en licitación la construcción de la carretera de Puerto Prí­ncipe a Les Cayes, volé a este paí­s y permanecí­ durante diez dí­as recorriendo buena parte de su territorio. Era como ver los pequeños pueblos del occidente de Guatemala de los sesenta con la diferencia que sus habitantes no eran con piel cobriza sino mucho más oscura por su descendencia africana.

 

Puerto Prí­ncipe era como Tecpán antes del terremoto de 1976, más grande, más desordenado en su trazo pero igual de precario en sus construcciones.

 

En el año 2001 me correspondió representar al Estado de Guatemala en los actos de toma de posesión del presidente Bernard Aristide, conocer el hoy destruido Palacio Nacional, la también destruida Iglesia Catedral y permanecer durante tres dí­as en uno de sus hoteles donde por cierto no se podí­a ordenar cualquiera de los sándwiches que existí­a en el menú, a lo sumo las alternativas eran dos, por falta de electricidad.

 

Con más limitaciones que las que tiene un particular, recorrí­ parte de la ciudad en las horas que no tení­a obligaciones oficiales y comprobé el enorme crecimiento poblacional así­ como las precarias condiciones en que la sociedad y, sus construcciones se encontraban.

 

Al producirse el actual terremoto, seguramente las autoridades responsables de prever un desastre natural no estaban preparadas. La diferencia con Guatemala es que aquí­ existe un Ejército y normas de construcción más severas para prever un posible terremoto.

 

Como lo manifesté al presidente Alfonso Portillo en su momento, la Conred no es un organismo que pueda reaccionar y actuar ante un gran desastre, ni siquiera está preparada para un mediano y pequeño desastre, prueba de ello es que durante el gobierno del que fui vicepresidente, un deslave que se produjo a inmediaciones de San Lucas Tolimán, cuando llegué al lugar, habí­an seis o siete muchachos parados con elegantes chalecos y gorras que decí­an Conred, pero los únicos que habí­an actuado era la unidad del Ejército que se habí­a presentado ante la emergencia.

 

En nuestro paí­s no se ha querido comprender que hay poblaciones en áreas de extremo peligro, que se ha construido en cauces de rí­os, en laderas inestables, que por falta de autoridad y supervisión muchas viviendas continúan siendo precarias y peligrosamente construidas.

 

En Conred es más fácil tener a personas bien conectadas polí­tica y familiarmente que puedan jugar en una computadora, hacer simulacros electrónicos, aunque en la práctica no prevean eficientemente las medidas preventivas que permitan enfrentar las primeras horas durante una tragedia. Por tanto, seguiremos pidiéndole al Señor de Esquipulas que a Guatemala no le vuelva a tocar, como estadí­sticamente está determinado, un nuevo terremoto.

 

Volviendo a Haití­, lo mejor que podemos hacer es recaudar recursos en efectivo, entregárselos a la Cruz Roja, a Médicos Sin Fronteras o a una organización similar que recolectar botellas de agua potable y alimentos enlatados cuyo peso y volumen es más caro el flete aéreo Guatemala-Haití­ que lo que estas organizaciones lo puedan comprar puesto en la Isla de la Española.