Tradicionalmente los gobernantes no nos han sorprendido en materia de atención a la salud, en temas de educación y menos aún cuando se trata de ser creativos en la esfera cultural. Casi todos se han caracterizado por lo mismo: el olvido y la indiferencia, el descuido calculado. A los líderes nacionales les ha importado un comino destacar en esos contenidos poco capitalizables en materia política.
Otto Pérez Molina pasaría a las páginas de la historia si considerara ser un estadista diferente en el tratamiento de lo cultural. Eso pasa no solo por cavilar estrategias lúcidas que incidan en la promoción de ese ámbito cuasi nebuloso, sino en una inversión seria, realista, capaz de marcar un hito en la historia de este país. El presidente ya debería dar pasos y mostrar signos para creer que está más allá de la media de quienes han gobernado Guatemala.
Pero claro, está empeñado en hablar de “mano dura†y atacar la delincuencia, lo cual no está mal. Necesitamos seguridad, no queremos más asaltos ni extorsiones. Y claro, no pueden desarrollarse las artes en un ambiente de descomposición social y anarquía. Esta nota no es para que renuncie a su programa de traer paz a los guatemaltecos. La invitación es a que inaugure también un discurso en el que brille el interés por lo bello, las artes, la cultura.
Don Otto debería comprometerse, por ejemplo, en revolucionar el Ministerio de Cultura y Deportes. Darle seguimiento al tema y exigir a su Ministro iniciativas creativas, innovadoras, nuevas. No ser pichicato a la hora de las asignaciones presupuestarias, no hacer del Ministerio una cenicienta triste y abandonada en espera del príncipe imposible.
Este gobierno debería caracterizarse por promover las artes y consentir a los artistas. Apoyar las publicaciones, impulsar el teatro, patrocinar el cine, desarrollar la danza, destacar la pintura. Un esfuerzo así nos haría una especie de potencia cultural centroamericana. Qué nos importa que otros países se armen hasta los dientes y que gasten como idiotas en rifles y pistolas, lo nuestro sería la cultura.
Tenemos tanta juventud que no invertir en lo bello es empobrecernos miserablemente. Una tarea del Presidente debería ser hacernos “plutócratas culturalesâ€, consumidores ávidos de literatura, cine, música, teatro y visitas a museos. Don Otto debería crear una marca que identificara “ser guatemalteco con hombre y mujer de culturaâ€. No sería mal que fundara un nuevo renacimiento maya-guatemalteco, la ilustración, el iluminismo, la cultura de los individuos que razonan, sopesan y discuten de manera civilizada (obviando todo lo occidentalizado de los términos y la mala fama de los conceptos).
El milagro es posible, solo se necesita reinventar un microchip diferente e idear un paradigma distinto. Luego vienen las ganas, la voluntad de hierro. Una persona capaz de ejecutar y tanto dinero como sea necesario. Si es posible escribirlo, es factible realizarlo. No puede ser producto de desvaríos ni sueños de literatos que ficcionan. Don Otto podría hacerlo, solo tiene que quererlo. Ya veremos si el tema le interesa.