Hacia el centenario de Gustav Mahler (Su vida -II-)


En este contexto se dieron todas las condiciones necesarias para el nacimiento de Gustav Mahler. En tal sentido, que las actividades comerciales se crearan y fructificaran, por cuya razón muchos judí­os fueron a instalarse en Bohemia. Así­, la abuela paterna de Gustav Mahler fue a Bohemia a ejercer su oficio de vendedora ambulante y trajo al mundo a su hijo Bernardo, en la aldehuela de Kalist, muy cerca de la frontera morava. Así­ nació hace un siglo el gran sinfonista cantor de Casiopea, esposa de lucero, que en su alma de puntillas todo el vibrar sonoro de los mares ancestrales y en sus calles de lirio se deslizan mis alas grises.

Celso A. Lara Figueroa
Del Collegium Musicum de Caracas, Venezuela A mi padre, maestro Celso Lara Calacán, con inmenso amor.

Dentro de este contexto, Bernardo Mahler era un apasionado de la cultura alemana, leí­a muchí­simo, habí­a estudiado un poco de francés, conocí­a las letras hebreas y hablaba indistintamente el alemán y el checo. En 1857, se casó con Marí­a Hermann, muchacha de una honorabilí­sima familia judí­a de una aldea vecina: Ledec. Hija de un fabricante de jabón, por desgracia era coja desde su nacimiento. Se casó sin amor con Bernardo Mahler pues estaba enamorada de otro hombre. Pero su defecto fí­sico, que le impedí­a aspirar a un buen partido, no le permití­a esperar otra cosa.

El matrimonio fue desgraciado desde el primer momento. Marí­a, que fue toda ternura y resignación, tuvo que padecer continuamente la brutalidad de un marido violento e impulsivo. Gustav Mahler dirí­a más tarde: Mis padres marchaban juntos como el agua y el fuego. El era testarudo y ella la misma dulzura. Una dolencia cardiaca, numerosas maternidades y un penoso trabajo doméstico se suman a los desacuerdos conyugales y convierten a Marí­a en una verdadera mártir. En Kallist da a luz a sus dos primeros hijos: Isidoro y Gustav. Este, nacido el 7 de julio de 1860, es el segundo de una familia de doce hijos, pero pronto se convierte en el mayor a causa de la muerte prematura de Isidoro. Otros cinco niños de corta edad morirí­an también, ví­ctimas al padecer de la difteria.

Poco después del nacimiento de Gustav, se promulgó la ley sobre la libre circulación de los judí­os a través del imperio y sobre la libertad de domicilio. En seguida -diciembre de 1860- Bernardo Mahler hizo cruzar a su familia la frontera morava para llegar a la gran ciudad más próxima: Jihalava. Esta ciudad morava, que más tarde se convirtió en Iglau, habí­a sido el 4 de diciembre de 1805, escenario de la victoria de los austrí­acos sobre el cuerpo bávaro sublevado.

Se sabe que en 1873 la ciudad contaba con 17 mil habitantes, poseí­a escuelas primarias, un colegio y una escuela militar. En el reinado de José II, un convento de dominicos se convirtió en un cuartel en el que se instaló el ejército austriaco. Industrias de tejidos, tintorerí­a y vidrierí­a constituyeron lo esencial de la actividad económica de la ciudad. La vida cultural y musical fue bastante importante ya que existí­an en Jihalava un teatro de mil 200 localidades, una coral de hombres, una sociedad musical, una banda de regimiento de calidad excepcional y, desde 1860, una orquesta municipal. Bernardo Mahler instaló en la ciudad su destilerí­a y su posada. El universo musical del pequeño Gustav, se limitó a las canciones populares oí­das en la posada y a las charangas y toques militares del cuartel. Se encariñó mucho con ambos géneros cuya influencia aparecerá en gran parte de sus obras.

Muy pronto manifestó Gustav su disposición para la música. Un dí­a, cuando sólo tení­a 4 años, le llevaron sus padres a Ledec para visitar a sus abuelos paternos. De pronto, se dieron cuenta de la desaparición del chiquillo y después de buscarle por todas partes le encontraron en el desván de la casa, tocando un viejo piano. Para el padre de Gustav, aquello fue una revelación: su hijo será músico. Con ello satisfacerá la gran ambición que le devora y le lleva a desear para sus hijos todo aquello que él no ha podido lograr. Proporciona a Gustav un acordeón antes de comprarle un piano y encarga a Sladky, el contrabajista de la orquesta de Jihalava, que enseñe al niño los primeros rudimentos de música. Pero queriendo todo lo mejor para su hijo, no se contenta con aquel único profesor. En 1866, Viktorin, maestro de capilla del teatro de Jihalava, y luego el pianista Brosch, continuaron la educación musical de Gustav. En 1870, teniendo sólo 10 años, Gustav dio su primer recital de piano en Jihalava. Por desgracia no existe la menor huella del programa, pero ha podido encontrarse la crí­tica del periódico local, que se muestra muy elogiosa.