Hacia el Centenario de Gustav Mahler: su música I


Continuamos en la columna de este sábado analizando la vida de Gustav Mahler dentro del centenario de su nacimiento, no sin antes decir que estas disquisiciones, como todas las acciones de mi vida, van dedicadas a Casiopea, esposa dorada, de miel y tul, que es corazón en florescencia a cada instante de mi alma, que deja cotidianamente su aroma de esperanza en el fluir de mi sangre, que entra en el fondo de mis sueños como señora conquistadora y llena mi pecho con su encendido amor purificante.

Celso A. Lara Figueroa
Del Collegium Musicum de Caracas, Venezuela A mi padre, maestro Celso Lara Calacán, con inmenso amor.

Diremos, en primer lugar, que los años de su formación, supuso una tregua en la atormentada vida de Mahler. En 1875, tras una audición ante el pianista Julius Epstein y gracias a las recomendaciones de éste, Mahler fue admitido en el Conservatorio de Viena en donde fue alumno de piano en la clase de Julius Epstein, de armoní­a en la de Robert Fuchs y de composición en la de Theodor Krenn. En el segundo año frecuentó la clase de contrapunto. Se dice que Gustav Mahler fue un alumno original y poco disciplinado, a pesar de lo cual, acababa perfectamente todo lo que emprendí­a. Sus compañeros de clase lo consideraron siempre un nuevo Schubert. Dos de ellos, Hans Rott y Hugo Wolf -brillantes músicos ambos que por ironí­a del destino murieron locos-, se convirtieron en sus mejores amigos. Todos estos adolescentes idolatraban a Wagner y las estadí­as en Viena del autor de la Tetralogí­a, provocaron su entusiasmo. Mahler y Wolf se hicieron vegetarianos durante algún tiempo, a consecuencia de haber leí­do unos folletos de Wagner preconizando esta práctica. Las extravagancias y la indisciplina de Wolf causaron su expulsión del Conservatorio, faltando muy poco a Mahler para seguir la misma suerte. A pesar de todo esto, realizó unos brillantes estudios logrando en 1876 un primer premio de piano y otra primera presea en composición. En 1877 de nuevo obtuvo un nuevo primer premio de piano y en 1878 el de composición. En junio de ese año dejó el Conservatorio provisto de un diploma con la mención de excelente. Además de su aprendizaje musical, Bernardo Mahler exigió que Gustav Mahler continuara sus estudios generales. Así­, después de participar en un concurso, ingresó como estudiante externo en el Liceo de Jihalava y en 1877 obtuvo el tí­tulo de bachiller. Sabemos muy poco de sus aptitudes escolares, salvo que era un apasionado de la literatura alemana y que leí­a enormemente, sobre todas las obras alemanas de la biblioteca paterna. Después de abandonar el Liceo, frecuentó la Universidad de Viena en donde siguió los cursos de Filosofí­a, de Historia y de Historia de la Música. Conoció allí­ a muchos jóvenes con los que durante largos años mantuvo una asidua correspondencia. Entre ellos se encontraban el arqueólogo Fritz Lohr, los poetas Sifrido Lipiner y José Steiner, el abogado Emilio Freund y el músico Antón Krisper. También encontró allí­ a Antón Bruckner que estaba encargado del curso de Teorí­a Musical, pero no fue un nuevo conocimiento ya que Antón Bruckner enseñaba también en el Conservatorio cuando Mahler estudiaba en él. Hay una tendencia a creer que Mahler fue discí­pulo de Bruckner, lo cual no es verdad. Ciertamente se establecieron unas relaciones amistosas entre el viejo Maestro de Capilla de San Florián y el joven músico y es significativo que éste, aunque nunca estudió con Bruckner, no dudó jamás en considerarse discí­pulo suyo. El 16 de diciembre de 1877 dirigió en el Conservatorio la Tercera Sinfoní­a de Bruckner y poco tiempo después se le confiaba el trabajo de reducir para el piano esta misma sinfoní­a. Durante toda su vida no cesó de querer dar a conocer la obra Bruckneriana. En 1899 dirigió la primera audición de la Sexta Sinfoní­a y durante la temporada de 1909-1910 en Nueva York, impuso el ciclo de las Nueve Sinfoní­as.