Hay algunos formadores de opinión y políticos, muy emocionados con lo que hacen, orondos, que critican a sus pares columnistas por ser aves de mal agüero: “solo saben criticar, porque es el deporte nacional, pero no toman iniciativa. No se involucran, no participan en política y todo lo ven mal”. Se sienten en la posición adecuada porque ellos, en su imaginario, sí se mojan los pies y se arriesgan, mientras que los demás viven en la comodidad de sus casas como simples espectadores.
Henchidos de amor patrio, invitan a la participación, a meterse en política y dejar de criticar desde, por ejemplo, un espacio de opinión (como este), para ser más propositivo y dejar de lloriquear: “que los males del país devienen por esa actitud pasiva que espera todo de los políticos, mientras la población hace poco o nada, por temor o demasiada precaución al mundo político que se sataniza”.
Esta idea que se repite una y otra vez es o ingenua u oportunista. Cándida porque los hechos demuestran hasta la saciedad que nuestra política criolla está minada. Digamos que es un inmenso corral, atiborrado de caca, en el que es virtualmente imposible no embarrarse. De modo que ilusionarse en salir limpio de un establo de tales características es imposible. Solo una persona inocente o imbécil puede ficcionar así.
Para no embarrarse habría que limpiar el lugar, hacer una reforma profunda y llevar a las bestias a otro lado. En realidad esa sería la virtud principal de un estadista serio: hacer cambios de fondo. Pero nuestros líderes de pacotilla no lo hacen. Se dedican a reponerse de la fuerte inversión que hicieron durante la campaña y remozar los parques y avenidas del país. Y aún así quieren que los ciudadanos les ayudemos, que paguemos puntualmente nuestros impuestos y además los felicitemos por su labor superficial. Eso no se puede.
La idea de invitar a la población a meterse en política puede ser oportunista. Fíjese bien, la mayoría que motiva a la población a semejante oficio diabólico son generalmente políticos, candidatos a puestos populares, viejos zorros de corral. Lo que quieren es juntar gente para que voten por ellos. La invitación de fondo es: métanse en política, asóciense conmigo y cambiemos el mundo. Es un cortejo interesado, nada inocente. Los políticos no son tontos, tienen una idea fija: llegar al poder para lucrar y volverse inmortales (en su pobre imaginario mental).
Ellos se ponen de modelo y dicen ser distintos a los columnistas porque tienen iniciativa y trabajan “propositivamente”. Pero fíjese en la creación de sus manos y la originalidad de sus ideas: son un repetir lo mismo. Como he dicho atrás: limpian parques y remozan avenidas. Sus propuestas son mediocres y redundan en lo mismo, no hacen la diferencia. ¿Por qué? Porque no les interesa el cambio, viven del sistema y están felices con él. Saben que la política criolla, la nuestra, carecería de incentivos si fuera diferente.
De modo que hay que hacer política, pero señalando las supercherías de nuestros genios, no dejándonos timar y reclamando que nos regresen lo que aportamos económicamente a través de nuestros impuestos. Ya lo haremos diferente, cuando las condiciones sean otras y nuestros líderes sean superlativamente distintos a los que tenemos ahora.