Hacer oposición es tan difí­cil como gobernar


Para los guatemaltecos es difí­cil entender el papel de una buena oposición porque generalmente lo que hemos visto son actitudes de empecinamiento que rechazan de manera rotunda cualquier idea que provenga de la contraparte. Si eso fuera hacer oposición tendrí­amos que pensar que es fácil estar en tal postura, puesto que basta con decir no a todo. Pero en el mejor sentido de la polí­tica, la oposición es un contrapeso efectivo en el ejercicio del poder y hay paí­ses en los que los partidos de oposición tienen lo que se conoce como gabinete sombra, que se encarga de trabajar en todas las áreas de la administración y eso demanda un esfuerzo muy serio y gente preparada.

Oscar Clemente Marroquí­n
ocmarroq@lahora.com.gt

Siempre demandamos del Gobierno un trabajo efectivo, pero olvidamos que hay partidos que recibieron una considerable cantidad de votos y que por lo tanto tienen un mandato de la población y que implica operar dentro del sistema de pesos y contrapesos que es pilar de la democracia. En ese sentido la población tiene que exigir también a los partidos de oposición mucha seriedad y madurez para el cumplimiento de sus fines, entendiendo por supuesto que hacer oposición seriamente es tan difí­cil como gobernar y demanda enormes esfuerzos y grandes capacidades para hacerlo con visión del paí­s más que con visión electorera de cara al próximo proceso.

Cuando se da el caso de un gobierno como el que está integrando ahora el ingeniero Colom, tratando de convocar a todos los sectores en un esfuerzo de unidad, siempre hace falta que exista un contrapeso. Por supuesto que el peligro está en que se caiga en esa forma de oposición tan trillada y tan propia de nuestros paí­ses, donde se trata de torpedear todo lo que haga el partido de gobierno, pero si se decidiera alguien a conformar una fuerza opositora distinta, con esa modalidad de trabajo que demanda tener responsables en cada área de la administración pública para ir controlando, supervisando y hasta aconsejando medidas de buen gobierno, estarí­amos empezando a caminar por la senda de una mejor institucionalidad democrática.

Por supuesto no es fácil y tenemos que entender que no se puede romper con la tradición y que si el oficialismo no cuenta con suficientes cuadros para gobernar, menos los tendrá la oposición para ocuparse de todas las áreas de la gestión pública. Pero al menos tiene que haber equipos con niveles de especialización trabajando en los temas más delicados que, por supuesto, en nuestro caso serí­an seguridad ciudadana, salud, educación y combate a la pobreza.

Siempre he pensado que si en Guatemala nos han hecho falta buenos gobiernos, ello está í­ntimamente ligado con que también nos han hecho falta buenos partidos de oposición que sirvan de contrapeso en el ejercicio del poder. Al fin y al cabo, sumando los votos de todos los partidos de la oposición se nota que la mayorí­a de la población estuvo inclinada por opciones diferentes a la que hace gobierno y por lo tanto no se puede rehuir simplemente la responsabilidad adquirida frente a tantos electores y abandonar las labores serias para retomarlas únicamente cuando vuelva a convocarse a elecciones.

Dejar de hacer oposición seria, constructiva y fiscalizadora, que no caiga en empecinamientos ni sea un medio para torpedear lo que haga el Gobierno, es tan irresponsable como hacer un mal gobierno.