Al hablar ante una nutrida concurrencia de jóvenes en el Día Internacional de la Juventud, el presidente ílvaro Colom les dijo que sueña con que se involucren en política y sean parte del proceso de cambio que el país necesita. Y en realidad nos urge que más gente nueva se decida a la participación política, pero también es crucial que los jóvenes tengan ejemplos edificantes a seguir, puesto que hoy en día y a la luz de lo que vemos cotidianamente, el mensaje es que la política se ha convertido en terreno propicio para los pícaros y sinvergí¼enzas.
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El último escándalo del Congreso basta y sobra para confirmarlo y hoy, con las nuevas imputaciones que se hacen al diputado Rubén Darío Morales, quien recibió cientos de miles de quetzales en traslados que le hizo un pícaro que anda prófugo de la justicia, puede uno sacar la cuenta de lo que la casa de bolsa Mercado de Futuros debe haber pagado ahora. Si a Rubén Darío Morales le trasladaron alrededor de un millón de quetzales por permitir el jineteo de 17 millones, a la gente de Meyer le deben haber dado cerca de cinco millones por los ochenta y dos que andan volando.
Los jóvenes de hoy no encuentran ejemplos como los de aquellos revolucionarios del 44 que en su juventud actuaron con principios y honestidad al asumir funciones públicas o los de los más veteranos conocidos como los «Doce Apóstoles» que desde posiciones conservadoras hacían oposición en esas épocas. No se encuentran ejemplos de entrega a la lucha por la democracia como la que fue característica de la vida de dirigentes como Manuel Colom Argueta, Alberto Fuentes Mohr y Jorge Torres Ocampo, para citar apenas a algunos de los más destacados de quienes desde distintos enfoques ideológicos mantenían una lucha intensa pero de altura en busca de lo mejor para el país.
Siempre he dicho que lo peor que nos dejó la guerra y la represión fue que los mejores elementos de la política nacional fueron asesinados. Mientras más aferrados estaban a sus principios y más honesta era su actitud, más difícil resultaba lidiar con ellos y por lo tanto se escogió la salida más fácil en esos tiempos que era la de eliminarlos físicamente, lo que dejó el campo libre para los que se vendían, los que transaban y se acomodaban. En otras palabras, se murieron los mejores y fueron quedando los más mediocres y los menos auténticos, por lo que hoy estamos viviendo muchos polvos de aquellos lodos.
Siempre he soñado con una mayor participación de los guatemaltecos en la vida política nacional pero veo con preocupación que la gente honesta cada vez tiene más razones para sentirse y declararse alérgica a la política. Porque hasta aquellos que se presentan como honestos y a carta cabal, terminan siendo cooptados por un sistema diseñado para el latrocinio. Para ser electo a un cargo hay que tener dinero, sin que importe cómo se obtenga, y a partir de eso todo tiene ya un rumbo marcado. Los jóvenes que con idealismo se involucren en la política, no pasarán de ser activistas a menos que puedan comprar una candidatura o que consigan un inversionista que les ayude y esos apoyos no se obtienen de gratis. Por ello es que resulta tan urgente cambiar el sistema de los partidos, especialmente en su financiamiento, para que puedan nutrirse de valores sanos y con honestas ambiciones que apunten a cambiar las cosas en nuestra Guatemala, pero eso no se logra con palabras, sino con hechos para romper con un sistema podrido.