Hoy publicamos un muy importante aporte del abogado y profesor universitario, doctor Rodrigo Montúfar, con relación al aniversario especial que se cumple en este día de la célebre manifestación que marcó el principio del fin de la dictadura de Manuel Estrada Cabrera, quien en el transcurso de 22 años había gobernado a Guatemala imponiendo su criterio al resto de la población y ejerciendo el poder en forma tiránica.
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En realidad los guatemaltecos muestran a lo largo de la historia ese tipo de reacciones cíclicas luego de varios años de sometimiento y de terror. Lo mismo fue con Ubico, a quien se soportó por catorce años hasta que el cansancio de un sector del pueblo lo mandó al diablo. Donde mejor queda descrita esa actitud del guatemalteco es en el libro de Manuel Galich, «Del Pánico al Ataque», en donde describe la forma en que especialmente entre el estudiantado universitario se fue produciendo una especie de liberación en busca de democracia. En 1920 ocurrió otro tanto. Algunos historiadores señalan que fue el mal manejo del desastre natural del terremoto de 1917 lo que sembró la semilla que habría de germinar el 11 de marzo de 1920. Otros atribuyen a los curas la influencia para ir despertando entre la población capitalina el sentimiento de que no podían seguir de rodillas ante el tirano. Cualquiera haya sido la causa, lo cierto es que se produjo una extraña alianza entre las figuras más destacadas de la oligarquía de la época, los estudiantes universitarios y las incipientes organizaciones de obreros que se dieron cita al sur de la penitenciaría de aquella época, donde ahora está situado el Banco Industrial, y desde allí emprendieron una marcha que para los parámetros de ese tiempo y para los antecedentes de sumisión y terror de la población, terminó siendo impresionante. Durante años, Ramiro Samayoa y otros guatemaltecos lucharon porque se hiciera un monumento en la Plazuela 11 de Marzo, como se conoció a la rotonda frente al Banco Industrial hasta ahora que se edificaron estacionamientos subterráneos. Ramiro quería que se colocara un busto de don José Azmitia, quien era considerado uno de los dirigentes más destacados del movimiento Unionista, junto al doctor Julio Bianchi y don Tácito Molina. Como hemos sido siempre tan descuidados con nuestra historia, nunca se concretó la idea y para las generaciones de hoy esos nombres son desconocidos, como lo es también la lucha que libraron a partir de esa fecha hasta lograr el derrocamiento de Estrada Cabrera quien, a diferencia de Ubico, no salió a sombrerazos sino que dio batalla y se mantuvo en una lucha que llegó a ser trágica al final por el enfrentamiento armado entre las tropas fieles al tirano y el pueblo alzado en armas. Los guatemaltecos, decía arriba, aguantamos como pocos. Nos volamos las dictaduras de Carrera, de Barrios, de Estrada Cabrera y de Ubico, para luego caer en la sucesión de gobiernos militares que dirigieron al país imponiendo el terror y la represión. Hemos aguantado el caos y la ingobernabilidad de una democracia que se contaminó con la corrupción y seguimos nuestra vida en forma silenciosa, sumisa y resignada. Así ha ocurrido siempre y de pronto surge un aire con remolino, que siempre cuesta explicar, en el que sale una casta de lucha poco reconocida entre los nuestros. El 11 de marzo de 1920 fue una prueba de ello.