Leí, aquí en LA HORA (28-04-2009), la información relacionada con el Archivo del Congreso de la República, que «el área en donde funcionó como Archivo Legislativo, tiene otro destino».
La realidad es que en Guatemala es raro encontrar una dependencia gubernamental que tenga su Archivo que sirva de consulta para determinado tema relacionado con su función. Y es que no hay una carrera de archivero. Recuerdo que en otros tiempos, cuando era reportero y necesitaba consultar sobre determinada Ley aprobada, al llegar el archivo que estaba a cargo de una dama, Piíta, le decíamos, era un dechado de amabilidad y deseo de servicio, ramillete de flores a su memoria. Ella llevaba en un libro el registro de las leyes emitidas con los datos precisos, y en un estante estaban los paquetes, debidamente numerados, de acuerdo al registro del libro, el cual casi no consultaba, pues ante nuestro pedido cerraba un momento los ojos, se levantaba de la silla de su escritorio e iba a sacar el paquete correspondiente.
Otro archivero que conocí fue el del Archivo del Diario de Centro América en donde se publican leyes, acuerdos ministeriales y otros. El era de apellido Azurdia, tío de quien fue la periodista Irma Flaquer. Con él sucedía lo mismo que con Piíta, a pura retentiva sabía en dónde estaba tal o cual ley legislativa o acuerdo ministerial, aparte de que también llevaba el libro respectivo.
Aparte de los archivos, pero relacionado con la memoria, recuerdo a Don Pepe, también lo recordará más de algún facultativo de esa época, él fue el iniciador de la compra y venta de libros usados, sobre todo del texto universitario, su negocio estaba en un amplio salón de la 10ª. calle y 9ª. avenida, esquina, frente a la entonces Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Usac, hoy Museo de la Universidad. Muchos estudiantes compraban con él sus libros de texto pues los conseguían a precios económicos, especialmente los de medicina. Compraba libros usados y los vendía a precios no leoninos. í‰l era otro monstruo de la retentiva, sabía en dónde estaba cada libro que se le requería y no eran solo de texto, los había diversos, hubiera sido un perfecto archivero. Le hice una entrevista, con fotos, en el destruido, porque sí, Nuestro Diario.
Pero volviendo al tema central, cuando hube requerido información retrasada en dependencias gubernativas, especialmente, me tropecé con esa dificultad, no había una persona específica que diera información, algunas veces había un libro en donde constaba el ingreso del expediente solicitando, pero nada más, no se podía seguir el rastro. Esto en realidad es una tragedia pues no hay memoria de lo acontecido, no hay historia. Por lo general priva el concepto de que para qué se va a guardar papeles viejos, que solo sirven para que se los coman los ratones y las cucarachas, no hay sentido histórico. Me enteré, más de alguna vez, que archivos de alguna dependencia fueron a dar al tonel de la basura, porque el mueble se necesitaba para otros papeles, que después, de seguro, corrieron la misma suerte.
Considero, pues, la conveniencia de crear a nivel univertario, la carrera de Archivero, en grado de Licenciado, porque a muchos les gusta que les digan: «Licenciado», aparte que sería de gran utilidad.